“Todo está consumado”

“Todo está consumado”

Febrero 28, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

Cuando se cierren las puertas de la Capilla Sixtina, los 116 Prelados que tendrán en sus manos la decisión, deberán pensar en el Papa que requiere la Iglesia para continuar su labor evangelizadora y para rescatarla de los enemigos que destruyen su credibilidad. Y cómo lograr que ese nuevo Pontífice tenga la posibilidad de superar la división que la aqueja y purificarla de los males y los escándalos que tanto dolor y pena le causan a Joseph Ratzinger.

Cuando lleguen las ocho de la noche de hoy en Roma, las dos de la tarde en Colombia, Su Santidad Benedicto XVI dejará de ser el Supremo Pontífice de la Iglesia Católica. Entonces deberá empezar una etapa de reflexión y decisiones dentro de la Institución que recoge a más de mil millones de personas en el mundo, para superar los problemas y los peligros por las cuales atraviesa. El Papa Emérito, como será llamado en adelante, se dirigirá a Castel Gandolfo y posteriormente al convento Mater Ecclesiae ubicado en el Estado Vaticano, detrás de la Catedral de San Pedro. Allí terminará la carrera de quien durante sus largos 60 años de sacerdocio ha sido considerado como uno de los grandes pensadores de la Iglesia. Y empezará el retiro espiritual del sucesor de Pedro y Arzobispo de Roma que renunció aduciendo sus limitaciones físicas para enfrentar la tarea que le habían encomendado hace ocho años cuando fue elegido por el Sínodo Cardenalicio.Lo que sigue para el prelado es el retiro, aunque no el descanso. Es que sus palabras dan a entender la enorme preocupación que lo embarga por el rumbo que ha tomado la Institución. No son pocas las denuncias sobre corrupción y malas prácticas que se viven en su interior, mezcladas con divisiones y silencios cómplices, que perjudican la imagen de la Iglesia Católica Apostólica y Romana. Eso fue lo que Benedicto XVI encontró, lo que trató de corregir y lo que, combinado con su avanzada edad y la debilidad física que argumentó, produjo su retiro. Es ni más ni menos la obligación de sintonizar la Institución a las realidades actuales pero sin renunciar a los principios que la han caracterizado desde su inicio en la remota Belén, cuando nació Jesús de Nazaret. Es decir, entendiendo las necesidades del mundo moderno sin llegar al relativismo que niega esos principios y regresando a la sencillez y la humildad de Cristo y sus discípulos, muy distantes sin duda del boato y la lucha por el poder que parece tener lugar tras los muros de la Santa Sede. Ya el Papa expidió un decreto mediante el cual se podrá adelantar la fecha del cónclave en el cual el Colegio Cardenalicio elegirá su sucesor. Cuando se cierren las puertas de la Capilla Sixtina, los 116 Prelados que tendrán en sus manos la decisión, deberán pensar en el Papa que requiere la Iglesia para continuar su labor evangelizadora y para rescatarla de los enemigos que destruyen su credibilidad. Y cómo lograr que ese nuevo Pontífice tenga la posibilidad de superar la división que la aqueja y purificarla de los males y los escándalos que tanto dolor y pena le causan a Joseph Ratzinger.Así, cuando el Papa Emérito aborde el helicóptero que lo lleva a Castel Gandolfo, habrá terminado un período intenso de la Iglesia Católica, guiada por un intelectual y teólogo de encumbradas cualidades. Y se debe abrir una época en la cual su sucesor deberá orientar la expiación de los pecados y las ambiciones de poder que le han restado la credibilidad y la autoridad para orientar la Institución encargada de pregonar, defender e interpretar el legado de Cristo.

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