Tiempo para la región

Julio 09, 2010 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

Coincidiendo con los anuncios sobre una bonanza petrolera que por sus dimensiones puede cambiar el futuro del país, el Gobierno Nacional hizo público el proyecto de lo que sería la llamada Regla Fiscal, destinado a evitar los perjuicios que generaría esa bonanza. Es el momento para preguntar cómo responderá el Estado a su obligación de promover una Nación más equilibrada, donde las regiones dejen de pagar las cuentas que les factura un Estado centralista y desequilibrado.En primer lugar, hay que reconocer el interés por darle un manejo serio y prospectivo a la riqueza que el país ya está recibiendo generada por el crecimiento en la producción y exportación de minerales y petróleo, las cuales pasaron de US$8.941 millones en el 2007 a US$13.786 millones en el 2009. Y si bien se espera que la producción petrolera llegue a 1,2 millones de barriles diarios en tres años, según la Agencia Nacional de Hidrocarburos, es claro que Colombia recibe hoy un flujo de divisas que mejora la situación fiscal pero genera peligros como la valorización del peso y la consecuente pérdida de competitividad de las exportaciones.En esos términos, es necesario tomar decisiones que se anticipen a los peligros que puede generar la bonanza anunciada: por eso es oportuna la Regla Fiscal, con la cual se pretende mayor disciplina en las finanzas, rebajar la deuda pública y dotar al Estado de una ahorro útil en épocas de bonanza para afrontar un periodo de sequía. Y aunque la propuesta incluye una exótica reforma constitucional para elevar a derecho fundamental la estabilidad macroeconómica, no por ello puede ser descalificada. El caso es que Colombia tendrá una nueva perspectiva, producto de una acertada política en materia de hidrocarburos y gracias a la recuperación de la confianza. Pero ahora no puede dedicarse a pensar sólo en los indicadores macroeconómicos, cuando el desempleo y la pobreza golpean a más de la mitad de la población. Y mucho menos, cuando la estructura centralista de las finanzas públicas impide el desarrollo armónico del país, pese a que se entregan unas regalías importantes que son dilapidadas por la corrupción y la ineficiencia que genera el clientelismo.Esa es la causa de muchos de los problemas de violencia que padecen el Putumayo o los Llanos Orientales, pese a producir hidrocarburos. Y de los dramas sociales que han convertido al Pacífico y al Atlántico en grandes expulsores de personas que engrosan los cinturones de miseria en Cali, Medellín o Barranquilla. Lo cual demanda un manejo de la riqueza que genere desarrollo equilibrado sin que amenace la estabilidad que reclama la comisión que asesoró al Gobierno en la formulación de la Regla Fiscal.Por eso, en medio de la euforia que producen los anuncios de bonanza y de la propuesta de tener una regla fiscal, también es necesario tener en cuenta la necesidad de aprovechar la riqueza del subsuelo para beneficiar la región colombiana. Con ello, además de hacer justicia, se logrará combatir la concentración de la riqueza que hace de Colombia uno de los países más inequitativos del continente americano.

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