Tiempo de precisiones

Tiempo de precisiones

Enero 31, 2018 - 11:55 p.m. Por: Editorial .

Con justicia, el asesinato de Temístocles Machado ha producido el rechazo unánime de los vallecaucanos y la exigencia de encontrar y castigar a los responsables de ese crimen. También está demostrando la necesidad de precisar si es cierto o no que en Colombia se está produciendo un sistemático ataque contra los líderes sociales.

Temístocles fue reconocido como un abanderado en la defensa de las comunidades negras de Buenaventura. Su trayectoria cubrió desde luchar por la recuperación de las tierras que pertenecen a esas comunidades y les han sido arrebatadas mediante la más variada gama de recursos legales y delincuenciales hasta participar como uno de los más prominentes directivos del paro en la segunda ciudad del Valle, el pasado mes de octubre.

Sin duda, muchas de las peticiones y reclamos de don Temístocles eran polémicos y como corresponde a una democracia, no necesariamente se tenía que estar de acuerdo con ellas. Había que defender su derecho a disentir y a reclamar. No puede desconocerse que su valor y su constancia en el reclamo contra los abusos y las dificultades que padecen las comunidades lo hicieron merecedor del reconocimiento y del liderazgo que le entregaron como vocero de núcleos de colombianos que en la costa sobre el mar Pacífico sufren la marginalidad y la falta de atención a sus necesidades.

Eso lo hizo blanco de quienes usan el asesinato para silenciar la voz de aquellos que protestan y son reconocidos por sus compromisos con las causas que adoptan. Machado era uno de ellos, en altísimo riesgo y expuesto al infortunio que terminó con su vida. Y debió ser defendido por el Estado, así no aceptara los ofrecimientos de la Unidad de Protección o se negara a realizar los trámites que le solicitaron.

Ahora, Buenaventura, sus comunidades negras y el Valle lamentan el asesinato de Temístocles, exigiendo la verdad de los hechos. Eso es necesario, entre otras cosas, para saber los móviles de ese crimen, descubrir a sus responsables y detener las especulaciones. Es lo menos que debe hacerse para dejar en claro el nombre del líder y para no seguir sembrando de elucubraciones tendenciosas y sin fundamento sobre lo que está sucediendo con personas como él.

Valga la oportunidad anotar que si bien se han cometido asesinatos frecuentes de personas a las cuales se les ha asignado el carácter de líderes sociales, también debe reconocerse la labor de la Fiscalía y las autoridades para esclarecer los hechos y despejar las sospechas sobre una estrategia de exterminio sistemático. Sin desconocer que en esos crímenes hay motivaciones nacidas del compromiso de las víctimas con las causas sociales, el manto de dudas que se está creando es demasiado dañino para la reconciliación.

Por eso, así como se deben fijar las responsabilidades de los organismos del Estado es necesario encontrar la verdad sobre la muerte de Temístocles Machado y descubrir los móviles y sus autores. Y es imperioso desplegar los esfuerzos que sean necesarios para impedir que los rumores se conviertan en el peor enemigo del liderazgo social y de las instituciones en Colombia.

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