Tiempo de esperanza

Diciembre 24, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

Solo que tan importante como el componente espiritual de ese deseo son las acciones que el hombre, como criatura libre y pensante del universo, desarrolle para mantener el equilibrio ecológico que demanda su supervivencia y la de las demás especies.

¿Qué tipo de mundo deseamos transmitir a aquellos que vendrán después de nosotros, a los niños que están creciendo? La pregunta la hizo el Papa Francisco a 150 líderes del orbe que participaban en la cumbre sobre el Clima en París. Pero es el mismo interrogante que debería hacerse todo ser humano hoy, cuando la conmemoración del nacimiento de Jesús despierta en cristianos y no cristianos sentimientos asociados a la bondad, la solidaridad y el bienestar propio y colectivo.A eso nos ha invitado el Pontífice desde la promulgación de su encíclica Laudato Sí, en la que dejó claro que la preservación de “la casa común”, como llama a la Tierra, no es un asunto ajeno a los dogmas del catolicismo y las otras religiosas que en esta fecha se regocijan con la esperanza de un mundo mejor. Solo que tan importante como el componente espiritual de ese deseo son las acciones que el hombre, como criatura libre y pensante del universo, desarrolle para mantener el equilibrio ecológico que demanda su supervivencia y la de las demás especies.Lo que los hechos y las cifras evidencian es que esa libertad se ha inspirado en conceptos muy lejanos a aquello de “amar al prójimo como a sí mismo”, tales el egoísmo, el consumismo y la acumulación de riqueza, que han derivado en consecuencias tan dañinas para todos como la contaminación de mares y ríos con petróleo y otros tóxicos, el manejo inadecuado de desechos y la emisión de gases nocivos, entre otras prácticas que ha llevado casi a la extinción a especies de flora y fauna.De ahí la importancia de foros como la Cumbre de París, donde los líderes del mundo parecieron tomar conciencia de la urgencia de detener la destrucción del planeta, que se refleja en la peligrosidad de los fenómenos naturales producidos bajo la influencia del cambio climático, y que también acarrea consecuencias económicas, como la carestía que ya acosa a muchos colombianos de escasos recursos, como efecto de la prolongada sequía que ha soportado el país.Sin embargo, hace falta que el acuerdo logrado en la COP 21 para evitar que la temperatura global aumente más de dos grados centígrados para fines de siglo se empiece a traducir ya en acciones concretas. Sobre todo porque en París también se acordó que el corte de las emisiones de gases de efecto invernadero será voluntario, lo cual deja otra vez en manos de los más poderosos la decisión de superar para siempre el desarrollo a partir del consumo de combustibles fósiles. Sin contar con que algunos países, como Estados Unidos, todavía deberán someter lo acordado en la cumbre a la aprobación de sus legislativos.Queda claro así que la tarea está lejos de concluirse, porque la modernidad y el individualismo todavía siguen en contravía de la preservación del medio ambiente. Entonces resurge el aura de esperanza que hoy envuelve la liturgia del nacimiento de Jesús y se hace posible confiar en que tenga eco el llamado de Francisco a todos los hombres de buena voluntad para que en el inmediato futuro “tengan el coraje para elegir siempre el mayor bien para la entera familia humana”.¡FELIZ NAVIDAD!

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