Terrorismo y política

Agosto 12, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

Por eso, además de confiar en la capacidad de nuestras Fuerzas Armadas para enfrentar los nuevos desafíos, es el momento de reclamar la unión que hizo posible el éxito de la Seguridad Democrática. Ante el desafío del terror, la respuesta debe ser la convocatoria a la solidaridad contra el terror, la colaboración ciudadana con las autoridades y el respaldo irrestricto a nuestra Fuerza Pública.

Esta semana, las Farc escogieron al Cauca, al Valle y a las regiones petroleras como objetivos para impulsar su nueva estrategia para conseguir reconocimientos y mostrar un poder mentiroso. Es el terrorismo en su más cruda expresión a lo cual Colombia debe responder sin dudas y sin divisiones. Además de la constante voladura de los oleoductos en Arauca y la extorsión a las empresas petroleras en Boyacá o el secuestro de sus empleados, ahora se puso de moda volar la carretera que conduce a Popayán. De nuevo, las torres, las subestaciones y algunas centrales de generación eléctrica son destruidas por la acción cobarde de quienes se empeñan en destruir para atemorizar a los ciudadanos. Y para crear un ambiente de zozobra, con el cual pretenden obligar a que la Fuerza Pública abandone la concentración en sus objetivos, como es el sacar la guerrilla del Cauca.Por supuesto, además de crear preocupación en la gente, el objetivo del terrorismo es agudizar las divisiones entre el Gobierno y los sectores políticos que disienten de sus directrices, como es común a cualquier democracia. Es su manera de explotar y utilizar la tendencia a utilizar la lucha contra el terrorismo como bandera política, lo que lleva a desconocer y en muchos casos manipular los esfuerzos que realizan a diario los soldados y policías, a magnificar los problemas que enfrentan las instituciones o a usar la moral de las tropas como elemento de la disputa partidista.Por eso, y en medio de las divergencias del Gobierno con los indígenas, las Farc volaron la subestación de energía en Guachené, dejando sin luz a seis municipios del Cauca, y destruyó el puente de la carretera Panamericana a la altura de Piendamó. Al mismo tiempo destruyó torres de conducción en el Pacífico, con lo cual dejó sin luz a Buenaventura y voló la central hidroeléctrica en Tuluá, mientras quemaba 10 vehículos de carga en la misma región, para impedir la pronta llegada de las autoridades.Ante la gravedad de lo que ocurre en el Valle y en el Cauca, el Gobierno Nacional trasladó a Cali al Ministro de Defensa y al alto mando de la Fuerza Pública, a la vez que ordenó un despliegue intensivo de tropas para hacer frente a la escalada del terrorismo. Entendiendo que se pueden haber cometido errores, la pregunta es si los colombianos estamos dispuestos a continuar por la línea de la confrontación partidista de la cual el único beneficiario es la guerrilla. La guerra contra el terrorismo ha tenido grandes progresos, pero aún no ha terminado. Además, es clara la estrategia de las Farc de adaptar sus movimientos a los cambios que ha generado la decisión de derrotar sus propósitos de destruir y asesinar. Por eso, además de confiar en la capacidad de nuestras Fuerzas Armadas para enfrentar los nuevos desafíos, es el momento de reclamar la unión que hizo posible el éxito de la Seguridad Democrática. Ante el desafío del terror, la respuesta debe ser la convocatoria a la solidaridad contra el terror, la colaboración ciudadana con las autoridades y el respaldo irrestricto a nuestra Fuerza Pública.

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