Terrorismo anunciado

Diciembre 02, 2010 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"La amenaza de las Farc sigue latente y está causando daños que no pueden ser desconocidos"...

Vegalarga, un pequeño caserío del sur de Colombia, fue el blanco escogido por las Farc para demostrarles a los colombianos que sigue vivo su interés en causar daño mediante el terrorismo cobarde, a pesar, o quizás en razón, a las bajas que han padecido varios de sus más importantes cabecillas. Razón suficiente para recordar que, pese a los éxitos conseguidos por la Fuerza Pública, la amenaza de la violencia indiscriminada es una realidad que circunda aún a los compatriotas que viven en el campo.El corregimiento está ubicado a pocos kilómetros del casco urbano de Neiva. Sus más de nueve mil habitantes fueron avisados hace unos días sobre la inminencia del ataque de las Farc contra el puesto de Policía. Lo que no se supo era que la amenaza se concretaría usando un taxi cualquiera que fue contratado en Neiva para llevar la encomienda de la muerte, una bomba que explotó frente al sitio donde se ubican los agentes del orden. El resultado fue la muerte del inocente taxista, heridas graves a ocho policías y la destrucción de 20 viviendas. Si bien las cifras sobre la destrucción causada al corregimiento de Vegalarga distan muchísimo del saldo que dejó el atentado al Club el Nogal en Bogotá el 7 de febrero del 2003, a nadie puede escapársele la gravedad de los hechos, así hayan sido cometidos en un paraje alejado de la capital de la República. Porque a ello debe sumarse la sucesión de ataques que las Farc han realizado en varias regiones del país, dejando un saldo de más de 20 miembros de la Fuerza Pública asesinados en las últimas dos semanas. No es difícil entonces entender que la escalada del terrorismo obedece al plan de las Farc anunciado hace dos semanas en la página de Anncol. Un plan que pretende amargar el diciembre de los colombianos, como reacción a los profundos y demoledores golpes que las autoridades les han propinado a varios de sus máximos cabecillas como ‘el Mono Jojoy’, o ‘Raúl Reyes’. O quizás para hacer una demostración de fuerza que oculte su realidad: una estructura anarquizada a causa de los certeros golpes asestados por las autoridades legítimas y erosionada por la desmoralización que produce deserciones cuantiosas y delaciones sin fin. Pero las Farc aún no están terminadas ni es posible encontrar en sus dirigentes el más mínimo interés en renunciar al terror. Por el contrario, los que están en Colombia ordenan el regreso a pequeñas operaciones que causan daños como el de Vegalarga y ya ni siquiera mencionan a los secuestrados en su poder. Y mientras otros reorganizan la estructura que maneja el narcotráfico, desarticulada por los éxitos de la Fuerza Pública, los que están en el exterior usan la frontera para escapar de las autoridades. Es decir, la amenaza sigue latente y está causando daños que no pueden ser desconocidos. De nuevo hay que recordar que todas esas acciones fueron anunciadas en forma pública por las Farc, usando su tradicional vocero en internet. Ante ello, el Gobierno debe estar atento, alertando a los colombianos sobre una amenaza que es real y debe ser combatida hasta tanto sus jefes recapaciten y le abran camino a la negociación sincera que le devuelva la paz a los colombianos.

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