Terror en Nigeria

Mayo 12, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

En sus inicios Boko Haram se identificó con un ala conservadora musulmana que negaba la educación occidental y dirigió sus ataques contra clérigos y musulmanes moderados, evitando hacer daño a la población civil. Recibió una dura ofensiva del ejército nigeriano, caracterizada por exceder todos los límites del derecho internacional humanitario, hasta el punto que la población del norte del país resultó el mayor damnificado.

El secuestro de 200 adolescentes de un colegio secundario de Nigeria, por la organización islamista Boko Haram, ha sumido al país y al mundo en un estado de tristeza y alerta.Pero la organización no siempre fue terrorista. En sus inicios Boko Haram se identificó con un ala conservadora musulmana que negaba la educación occidental y dirigió sus ataques contra clérigos y musulmanes moderados, evitando hacer daño a la población civil. Recibió una dura ofensiva del ejército nigeriano, caracterizada por exceder todos los límites del derecho internacional humanitario, hasta el punto que la población del norte del país resultó el mayor damnificado.Allí, el 85% de sus habitantes vive con ingresos de 1 dólar diario y sus padecimientos por hambre, salud y falta de oportunidades resultan notables. En contraste, el sur del país, donde se concentran los recursos del estado y la burocracia gubernamental, la situación es diferente. No hay que olvidar que Nigeria es rica en recursos naturales y que produce 2,5 millones de barriles de petróleo diarios. Una pequeña élite gubernamental goza de fortunas asombrosas y el resto de la población, o vive en la pobreza o apenas por encima de ella.Transparencia International calcula que hasta 400.000 millones de dólares en ingresos petroleros han sido robados o malgastados desde la independencia del país en 1960.La más grave situación del norte del país es la que proporciona a Boko Haram su base social, aunque estos terroristas islámicos actúan también contra la miserable población del norte del país. Allá comenzaron su campaña de terror atacando mercados públicos, quemando supermercados y estaciones de policía y disparando indiscriminadamente sobre la muchedumbre de civiles. Hombres, mujeres y niños desarmados han caído en el marco de esta delirante violencia. Las cifras hablan de 1.500 víctimas civiles en el último año, sin contar secuestrados y heridos. Cada vez que las fuerzas de seguridad intentan expulsar a los militantes de las ciudades de Borno, el estado donde concentran sus fuerzas, el grupo lleva a cabo ataques de represalia causando numerosas víctimas y daños entre la población civil, que incluye tanto a cristianos como musulmanes.Su estrategia, como ocurrió en el ataque del pasado lunes en Gamboru Ngala es disparar indiscriminadamente y después quemar casas y vehículos. También han atacado varias escuelas. El secuestro de las 200 estudiantes es apenas un hecho más, reciente y especialmente escandaloso, de la violencia atroz que azota a Nigeria.Para analistas africanos como Farouk Chotia “la amenaza tanto de éste, como de otros grupos islamistas que han surgido en la región, sólo podrá desaparecer cuando logre reducir la pobreza crónica del norte del país y establezca un sistema de educación que incluya a todos los habitantes”. Lo que es una verdad general aplicable en cualquier parte del mundo, pero que no justifica, ni el terrorismo de Boko Haram, ni la pasividad de la comunidad internacional. La ONU no ha movido un dedo para ayudar a la atribulada población nigeriana.¿Para qué sirve la costosa burocracia internacional si no es capaz de detener la sangría despiadada que conmueve a Nigeria?

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad