Símbolo de Colombia

Diciembre 04, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"Al reconocer a Johan Steven como personaje del año se está haciendo un homenaje a los millones de colombianos que como él han padecido el azote de la violencia y el terror disfrazados de reivindicaciones sociales o discursos políticos".

Johan Steven Martínez Tulcán es un niño de 13 años que trata de construirse una vida normal. Sin embargo, el secuestro, el martirio sin fin y posterior asesinato de su padre José Libio, y la manera en que ha enfrentado la tragedia que le creó las Farc lo convirtieron en un símbolo de la resistencia y el rechazo de Colombia al abuso y el desconocimiento de la dignidad humana. Johan Steven no pudo conocer a su padre porque nació unos meses después de que José Libio fuera secuestrado en el cerro de Patascoy cuando tenía 21 años. Cuando su inquietud por la ausencia lo llevó a preguntar por él, empezó a enterarse de la triste verdad: el entonces cabo primero cayó en las garras de su victimario el 21 de diciembre de 1997, defendiendo las instalaciones de comunicaciones que allí se habían instalado. Supo también que casi todos los compañeros de su padre fueron liberados 42 meses después y que a él lo dejaron en la selva en razón a su rango dentro del Ejército. Desde ese momento, el niño debió enfrentar la ausencia de su padre y la tragedia de saber que José Libio era usado de manera cruel como un elemento más de propaganda para sus secuestradores. Y que el regreso era incierto, por que en la retorcida mente de quienes lo mantenían amarrado con cadenas en su cautiverio, él era apenas una ficha, un elemento de publicidad ahora amplificado por la solidaridad de los colombianos y del mundo con el drama de su hijo y de su familia. Es el mismo drama que han padecido miles de familias en Colombia azotadas por una violencia irracional que no respeta ningún valor ético o moral. Sólo que en el caso de los policías y soldados en manos de las Farc adquiere unas dimensiones aún más monstruosas, como quiera que según los plagiarios son supuestos prisioneros de guerra de acuerdo con el Derecho Internacional Humanitario pero no tienen los derechos que esa legislación les reconoce a quienes caen bajo esa denominación. Hace diez días, Johan Steven recibió la peor noticia: luego de trece años de infamias, su padre fue fusilado por las Farc. Supo entonces que sus derechos como niño y como ser humano habían sido de nuevo pisoteados por los secuestradores de su padre; que sus esfuerzos por lograr la liberación de José Libio habían sido inútiles pues en la mente de los bárbaros que lo tenían sólo rondaba la muerte ante el menor intento de rescate. Ahora, Johan Steven demuestra su fortaleza para enfrentar la tragedia que le significa el vil asesinato de su padre. Rodeado del afecto y la solidaridad, sus palabras de niño convertido en adulto a la fuerza retumban como el símbolo del rechazo al terror del secuestro y a la barbarie de la organización que le quitó la vida. Y trata de construir una vida que no sea marcada por el odio sino por la decisión de convertirse en motor de la reconciliación. Al reconocer a Johan Steven como personaje del año se está haciendo un homenaje a los millones de colombianos que como él han padecido el azote de la violencia y el terror disfrazados de reivindicaciones sociales o discursos políticos. Él es la voz de Colombia que reclama la liberación de los policías y soldados aún en poder de las Farc.

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