Sentimiento que une

Sentimiento que une

Diciembre 24, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

Más allá de las diferencias ideológicas, de tendencias políticas e incluso de credos religiosos, hoy es tal vez el único día del año en el que todos los seres humanos se rinden ante valores y sentimientos como la solidaridad, la caridad, la esperanza y el amor.

“Utilizamos cualquier resto para simbolizar el triunfo de la vida sobre la muerte”, dice Nehmé, un pintor de 53 años, mientras reúne ramas de árboles para improvisar un pesebre en una iglesia de Alepo, la ciudad de Siria azotada durante cuatro años por combates y destrucciones entre los rebeldes y las fuerzas leales al régimen de Damasco.En medio de una tensa calma, esa pequeña minoría católica, tan lejana a nuestro entorno, se prepara para celebrar una misa de Navidad. Pero es evidente que lo que más animará a todos los asistentes a ese acto litúrgico será el genuino anhelo de que cese la violencia que ya ha dejado más de 310.000 muertos desde 2011. Es entonces cuando las distancias geográficas del orbe se borran y permiten que todos los países, incluido el nuestro, y todas las poblaciones, incluida la colombiana, se unan en un solo clamor por la paz. Pero está claro que para que cesen todos los conflictos que afectan al mundo es necesario que ese clamor no se limite a implorar que terminen los disparos sino que todos los hombres y las mujeres sean permeados por esa buena voluntad de la que hablan las Sagradas Escrituras cuando aluden al nacimiento del Niño Jesús.Por eso, más allá de las diferencias ideológicas, de tendencias políticas e incluso de credos religiosos, hoy es tal vez el único día del año en el que todos los seres humanos se rinden ante valores y sentimientos como la solidaridad, la caridad, la esperanza y el amor. Y si bien unos y otros son parte esencial de la doctrina cristiana, es necesario destacar que no le son exclusivos, lo que se hace pensar que la dulce magia que envuelve la noche de Navidad podría ser un pretexto ideal para que todos asumiéramos el propósito de hacer de la Tierra un mundo mejor.Un propósito que hasta ahora solo se ha quedado en buenos deseos, tal vez porque se cae en el equívoco de asumir que es una obligación que únicamente le compete a los gobernantes o a los grandes emporios económicos. Craso error, como bien nos lo ha enseñado el Papa Francisco, “la casa común” se construye en el día a día, en esos pequeños detalles que alimentan la vida familiar, el espacio laboral, el entorno social, pues son los que terminarán por garantizar un mejor medio ambiente para todas las especies, incluido el hombre.En todos ellos también hay distintos puntos de vista, disímiles formas de ver la vida, pero dependiendo de la forma en que se asuman y se resuelvan esas divergencias, bajo el entendido de que la paz no es la ausencia de conflicto, se podrán llegar a acuerdos que garanticen la preservación del valor más importante de todos: la vida.Y es entonces cuando unos y otros debemos entender que el primer paso para garantizar esa supervivencia es cuidar el planeta, preservar los ríos y evitar cualquier forma de contaminación, de manera que las futuras generaciones puedan seguir disfrutando de las maravillas de la Creación y encuentren incentivos que los inviten a sumarse al propósito de lograr un desarrollo sostenible que no riña con el fin último de seguir siendo siendo simplemente humanos.¡Feliz Navidad!

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