Seguridad y liderazgo

Seguridad y liderazgo

Abril 14, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"...Pero esos problemas no son suficiente argumento para mantener la inexplicable negativa a aumentar la inversión de los impuestos municipales en la protección de los caleños. Y para que se trate de justificar el inoficioso gasto de $20.000 millones anuales en Guardas Cívicos mientras la inseguridad amenaza a todos"...

Después de dos semanas de intensa polémica sobre la seguridad en Cali y los justos reclamos de la ciudadanía para que las autoridades asuman la obligación de devolverle la traquilidad, el alcalde Jorge Iván Ospina citó para mañana una cumbre con el Gobierno Nacional, la Policía, la Fiscalía y el Consejo Nacional de la Judicatura. Los caleños esperan que de ahí salga el liderazgo para rescatar a su ciudad de los embates de la delincuencia. La polémica no es nueva. Durante más de una década los índices de inseguridad han crecido con la misma velocidad que la reticencia de sucesivos gobiernos municipales a invertir en darle protección a los caleños. Para ello se han usado toda clase de justificaciones como adjudicarle la culpa exclusivamente al narcotráfico y descargar la responsabilidad en la Policía sin entregarle recursos, argumentar la escasez de éstos o interpretar el mandato de los electores como asidero para destinar los ingresos locales a menesteres distintos.Podría decirse entonces que esa falta de liderazgo ha llevado a crecer las dimensiones de la violencia callejera a escenarios inquietantes, donde el ciudadano no denuncia porque el Estado no resuelve el problema. Y no colabora porque percibe que a sus autoridades locales, aquellas que deberían asumir la seguridad como su prioridad, les parece una actividad más, de aquellas que no conllevan responsabilidad.Por supuesto, a ello contribuye la aparente indolencia del Gobierno Nacional y de los organismos que manejan la Rama Judicial, expresada en situaciones como la falta de jueces y fiscales, o la ruina del Palacio de Justicia, abandonado a su suerte hace dos años largos y sin perspectivas de una pronta reparación. Como también es incuestionable la falta de decisiones para detener el armamentismo, legal o no, que inunda las calles y se hace presente en el ochenta por ciento de los homicidios y los atracos que se producen a diario.Pero esos problemas no son suficiente argumento para mantener la inexplicable negativa a aumentar la inversión de los impuestos municipales en la protección de los caleños. Y para que se trate de justificar el inoficioso gasto de $20.000 millones anuales en Guardas Cívicos mientras la inseguridad amenaza a todos, sin distinción de raza, sexo o condición social. El alcalde Ospina se comprometió a entregar $18.000 millones a la Policía Metropolitana antes de julio próximo, además de aceptar el Plan Nacional de Vigilancia por Cuadrantes. Buenas decisiones, así fueran tomadas después de una de las peores arremetidas de la delincuencia. Pero insuficientes, porque de lo que se trata es de gobernar bien. Es decir, de oír al ciudadano y actuar para que pueda vivir tranquilo en su ciudad.Bienvenida entonces la cumbre convocada por el alcalde Ospina con las autoridades nacionales. Lo que clama Cali es el liderazgo de su gobierno, que organice el trabajo del Estado para enfrentar la violencia y disponga de los recursos necesarios para defender la vida en la ciudad. Eso no es histeria o pánico: es la protesta de quienes a diario enfrentan la amenaza contra su vida, su honra y sus bienes.

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