Seguridad, seguridad, seguridad

Seguridad, seguridad, seguridad

Marzo 27, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"Los caleños ahora están amenazados en carne propia por un fenómeno que crece en las calles y desafía por igual a los barrios de toda la ciudad. Es la presencia de hechos intimidantes protagonizados por delincuentes que asaltan en cualquier esquina, sin consideración y a sangre fría".

Supermercados que se atracan a plena luz del día, semáforos y pares donde detenerse puede significar el caer en manos de delincuentes armados que se movilizan en motos, buses escolares que son asaltados para robar a sus pasajeros, todos menores de edad. Las historias de hechos que atentan contra la tranquilidad ciudadana en Cali parecen de nunca acabar, como ilimitada parece la resistencia de las autoridades municipales a enfrentar un fenómeno que destruye la convivencia.Los caleños saben que la violencia que producen el narcotráfico, las pandillas o la delincuencia que vive del microtráfico, son grandes enemigos de la tranquilidad en su ciudad. Y reconocen el esfuerzo de la Policía Metropolitana por enfrentar esos factores, pese a la distancia que ha tomado el Gobierno Municipal y su reticencia a aportar los recursos que demanda la persecución a todas esas formas de criminalidad que se han enquistado en la capital vallecaucana. Pero ahora están amenazados en carne propia por un fenómeno que crece en las calles y desafía por igual a los barrios de toda la ciudad. Es la presencia de hechos intimidantes protagonizados por delincuentes que asaltan en cualquier esquina, sin consideración y a sangre fría. Situaciones en las cuales se pone en riesgo la vida de quienes se convierten en blanco por el sólo hecho de portar un bolso, de tener un celular, de entrar a un banco a reclamar su pensión de jubilación. O de ser niños que van en un bus de cualquier colegio, convirtiéndose en presa fácil para los maleantes.Y la respuesta es un divorcio de la Administración Municipal con la Policía, a la cual no le entrega los recursos que necesita con desesperación una ciudad de más de dos millones de habitantes. Aunque sea repetitivo hay que decir que mientras se definen presupuestos de $20.000 millones para los guardas cívicos, a la seguridad se le asignan menos de $15.000 millones y a la Policía se le entregan a cuentagotas. Es la terca persistencia en afirmar que el problema de la inseguridad en Cali es causado por factores como el narcotráfico, que deben ser atendidos con recursos nacionales y no deben comprometer el escaso ingreso del Municipio.Pues bien, la ciudadanía de Cali piensa y vive otra cosa distinta: a ella la acosa la inseguridad. La que asalta edificios y residencias, aquella que acecha en los paraderos de buses para arrebatar las pertenencias de los pasajeros; la que atraca a niños y adolescentes para robarles sus zapatos y luego desaparecer en forma misteriosa. En fin, la que es fácil de localizar pero de manera inexplicable se le esfuma a las autoridades. Seguridad, seguridad, seguridad. Es el reclamo de los caleños ante la ola de pequeños y grandes hechos criminales que aparecen a diario en las calles de su ciudad. Ese reclamo es un mandato para los gobernantes, pero es desconocido con tozudez. Ya es hora de que los elegidos para dirigir los asuntos públicos escuchen los mandatos de los ciudadanos sobre lo que debe ser la utilización del tesoro municipal y del principio de autoridad como mecanismos que garantizan la tranquilidad y la convivencia en Cali.

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