Se llamaba Sambingo

Abril 09, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"Al río Sambingo, en el Macizo Colombiano, le causaron heridas que le provocaron una muerte lenta, dolorosa y criminal. Hoy es el ejemplo del daño que causan la minería ilegal, el crimen organizado, la corrupción y, sobre todo, la indiferencia".

Al río Sambingo, en el Macizo Colombiano, le causaron heridas que le provocaron una muerte lenta, dolorosa y criminal. Hoy es el ejemplo del daño que causan la minería ilegal, el crimen organizado, la corrupción y, sobre todo, la indiferencia.Un año atrás aparecieron las alertas sobre el negocio para extraer oro que se había montado en el río situado entre los municipio de Mercaderes y Bolívar, en el Cauca. Desde entonces se hizo labor de inteligencia, se recaudaron las pruebas, se determinó quienes eran los responsables y se procedió a su captura. Las acciones de las autoridades al final fueron efectivas y se logró desmantelar la red conformada por los dueños del negocio, de las retroexcavadoras, comercializadores, administradores y hasta los encargados de transportar el producto extraído de las entrañas del Sambingo.Se produjo así un triunfo sobre la estructura criminal que acabó con el río. Sin embargo, se trata de una victoria tardía porque al final la forma diligente en que se llevó esta investigación judicial no logró que se consiguiera el objetivo principal: salvar al Sambingo del agónico fin que le decretó la minería y que lo convirtió oficialmente en el primer río en desaparecer del mapa de Colombia por obra y gracia de la minería ilegal.A ello lo llevaron los profundos pozos abiertos en su lecho por decenas de retroexcavadoras que desviaron su cauce natural, así como el mercurio utilizado para la explotación minera, que lo contaminó y acabó con cualquier vestigio de vida en sus entrañas. De paso fueron arrasadas 360 hectáreas de bosques nativos y se dejó sin la fuente de abastecimiento de agua a 13 poblaciones aledañas. Para devolverle la vida al Sambingo se necesitarían cien años y $100.000 millones que permitirían recuperar su cauce, reforestarlo y reubicar la fauna en la zona.De tal magnitud es el daño ocasionado por una mafia que, según las autoridades, tendría a la cabeza a funcionarios y exfuncionarios de Nariño, contaría con la protección del ELN así como de bandas criminales, y habría comprado campañas políticas en ese departamento. Son estructuras criminales que se asemejan a un monstruo con mil cabezas que parecieran regenerarse luego de ser cercenadas, las que hoy tienen en jaque buena parte de los recursos naturales de Colombia.Si bien se debe reconocer la determinación del Estado para detectar y someter a la Justicia a quienes están tras la minería ilegal, el esfuerzo para acabar con ella no es aún suficiente. Ni lo será mientras sea una actividad que se haga frente a los ojos de los colombianos pero genere indiferencia pese a la destrucción que causa. O hasta tanto los dineros multimillonarios que mueve alimenten la corrupción y la permisividad.Sambingo es el río al que hoy se le expide el acta de defunción. Un riesgo que han corrido otros como el río Dagua en el Valle, o en el que se encuentran los nacimientos de agua en los Farallones de Cali. Ese crimen demanda de acciones rápidas y eficaces, encabezadas por las autoridades y comprometiendo a las comunidades que deben constituirse en guardianes de los recursos naturales de Colombia.

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