¿Salto al vacío?

Julio 25, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

La pregunta es si el forcejeo que ya se vislumbra responde a las necesidades de un país necesitado de soluciones y de la unidad para enfrentar amenazas como la violencia, la pobreza y la corrupción que destruye la credibilidad del Estado.

Al iniciar la legislatura, lo que ocurre en el Congreso empieza a mostrar las heridas que en el mundo político dejó la manera estrepitosa en que fracasó la reforma a la justicia. Es comprensible el disgusto entre los congresistas por la responsabilidad que se les adjudica casi de manera exclusiva sobre el texto final de la reforma y la manera en que actuó el presidente Juan Manuel Santos para impedir su entrada en vigencia.Ahora, lo que empieza a suceder en el nuevo período de cesiones da a entender que se puede estar produciendo un realinderamiento en las fuerzas políticas que conforman la Unión Nacional que se consolidó alrededor del Gobierno. Dos iniciativas demuestran cómo las normas serán de nuevo cambiadas, pero no necesariamente para resolver problemas nacionales. La primera tiene que ver con la posibilidad de abolir las leyes que castigan el llamado transfuguismo. Lo cual significa que se echan para atrás los esfuerzos por construir partidos sólidos en los cuales se respete su institucionalidad, para permitir que sus integrantes, en especial los que ocupan cargos de representación popular, abandonen sin mayores requisitos y sin sanción alguna los partidos y movimientos por los cuales fueron elegidos.De otra parte, empieza a hacer carrera la hasta no hace mucho remota posibilidad de convocar a una asamblea constituyente para realizar la reforma a la justicia que en el Congreso se ha frustrado en diez oportunidades, la última de las cuales levantó la indignación y el rechazo de la opinión pública y obligo a abortarla de manera aparatosa. Aunque sus promotores afirman que el tema a tratar por la asamblea será exclusivamente la justicia, es imposible desconocer que una vez elegida puede asumir funciones como la revocatoria del Congreso, como ocurrió en 1990. Y , por qué no, la posibilidad de cambiar las normas sobre reelección presidencial. Así las cosas, ya parece un hecho que la labor del Congreso se dirigirá ahora a la preparación de las elecciones que tendrán lugar en el 2014. Frente a ello, lo preocupante es la actitud cautelosa del Gobierno al no presentar iniciativas de tanta importancia para la buena marcha del país como la reforma tributaria, lo cual da a entender que sus relaciones con las fuerzas que conforman la Unión Nacional parecen agrietarse. Y que en el horizonte del país, las soluciones a sus problemas serán desplazadas por el interés en preparar el escenario electoral y de pasar cuentas de cobro por el descalabro de la reforma a la justicia.Hay pues un cambio sensible en la política nacional, que indica a las claras un distanciamiento entre los hasta ahora aliados en el propósito de lograr la “Prosperidad Para Todos” que anunció el presidente Santos. Al punto en que la sola propuesta de la Asamblea Constituyente ya es usada para calificar como disidentes a quienes la apoyen, el síntoma más claro de la división que se avecina. La pregunta es si el forcejeo que ya se vislumbra responde a las necesidades de un país necesitado de soluciones y de la unidad para enfrentar amenazas como la violencia, la pobreza y la corrupción que destruye la credibilidad del Estado.

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