Respeto por la vida

Junio 06, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"La violencia es un protagonista permanente de nuestra vida social, que ha producido la insensibilidad de una Nación azotada por toda suerte de formas delincuenciales y que sólo se estremece cuando los medios de comunicación enfocan su interés en crímenes como el cometido contra la señora Cely".

Tres hechos recientes han generado en la Nación el repudio casi unánime contra las conductas criminales que atentan contra las mujeres. Y si bien hay que acompañar esa expresión como la forma más notoria de imponer sanciones sociales a agresiones contra el género femenino, lo que se está produciendo es también la oportunidad de reflexionar sobre el porqué de la pérdida de sensibilidad ante la vida y la integridad personal como valores fundamentales para construir una sociedad pacífica. El espantoso asalto y posterior muerte de la señora Rosa Elvira Cely en Bogotá ha desatado la indignación de muchos colombianos ante el aberrante suplicio a que fue sometida. Y tiene una similitud aterradora con el ataque padecido por la joven Tatiana Lloreda García en el barrio Calimío, al oriente de Cali. En este caso, Tatiana fue violada y después baleada. Hoy lleva 28 días en coma y sus posibilidades de vida son inciertas. De otra parte, el pasado lunes una mujer embarazada que varios agentes de Policía trasladaban a un hospital en el municipio de Montañita, Caquetá, recibió un balazo que mató al niño en su vientre, en un ataque de las Farc que asesinó también a una señora de 63 años de edad que la acompañaba y a dos servidores públicos. Fue un ataque aleve y letal sin consideración alguna por las condiciones de indefensión de las dos víctimas, que dejó además dos niños heridos. La pregunta es si esos hechos pueden considerarse como actos aislados o si se trata de una sistemática persecución contra las mujeres. O si, como todo parece indicarlo, es la expresión reiterada y creciente del desprecio por la vida como valor intocable en Colombia. Es que aquí pasamos de lamentar el ataque a los niños, a protestar por la persecución a los periodistas, por la violencia contra las mujeres, contra la comunidad Lgtb. Es como si en Colombia existieran conspiraciones deliberadas para segar la existencia por razones de sexo, raza, religión o creencia política. Y como si nuestro país fuera incapaz de impedir tales conductas. Decir que hay una conspiración es entonces ignorar el fondo del asunto. Colombia presenta un índice de 35 homicidios por cada cien mil habitantes, y viene de épocas en las cuales se registraron más de 30.000 muertes violentas por año. Es decir, la violencia es un protagonista permanente de nuestra vida social, que ha producido la insensibilidad de una Nación azotada por toda suerte de formas delincuenciales y que sólo se estremece cuando los medios de comunicación enfocan su interés en crímenes como el cometido contra la señora Cely.Ante esos hechos conmovedores, el camino es acabar con esa insensibilidad que lleva a explicar y a convivir sin rechazar la violencia. Es exigir que el Estado tome conciencia sobre el daño que causan la impunidad y las fallas de la Justicia al incentivar conductas antisociales. Es demandar de las autoridades que cese el armamentismo y se invierta más en educar para la paz. Y es ante todo reclamar por el respeto a la vida como el valor que hace posible la convivencia de cualquier sociedad.

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