Represión o democracia

Abril 06, 2017 - 11:55 p.m. Por: Editorial .

El pasado miércoles fue la marcha hacia la Asamblea Nacional para respaldar la decisión de la mayoría opositora de destituir a los miembros del Tribunal Supremo de Justicia, autores del golpe con el cual le quitaron las atribuciones al Poder Legislativo para asumirlo. Ayer, otra marcha más caudalosa buscaba llegar a la Defensoría del Pueblo a exigirle que respaldara la medida.

En ambos casos, las fuerzas de seguridad del régimen chavista se anticiparon, cerrando los accesos al centro de Caracas, bloqueando cinco de las diez líneas del metro y tratando de dispersar a los manifestantes con perdigones, gas lacrimógeno y golpes, bien coordinados con los grupos paramilitares que maneja el capitán Diosdado Cabello. Entre tanto, las cada vez más escuálidas movilizaciones de los adeptos y de los funcionarios públicos gozaban de todas las prerrogativas y de la protección armada de la policía y de los grupos de seguridad oficiales.

Lo nuevo es que la protesta social ha vuelto a salir para reclamar sus derechos y expresar su rechazo a un gobierno y un sistema que lleva a Venezuela hacia el despeñadero. Que le ha generado hambre y escasez de todo, en especial de los artículos de primera necesidad; que ha destruido el aparato productivo, mientras los detentadores del poder se enriquecen manipulando el petróleo, la riqueza nacional, o involucrados en el narcotráfico.

A propósito, uno de los puntos de las sentencias que fueron anuladas en cuestión de horas ante la reacción que produjo en personajes como la Fiscal General, de claro origen chavista, fue la aprobación de dos negocios de petróleo con compañías rusas que debían pasar por la Asamblea Nacional. Es decir, le arrebataron la competencia al Legislativo y aprobaron los negocios, lo cual no fue anulado después de la reacción clamorosa contra el golpe.

Las movilizaciones se suspendieron durante los últimos cinco meses cuando el intento de algunos mediadores y la división entre los dirigentes de la oposición las paralizó. Ahora, y después de que la comunidad internacional expresara su rechazo, y que la OEA siguiera adelante con el análisis de la situación en ese país y la posible aplicación de la Carta Democrática Americana, los venezolanos vuelven a salir para demostrar su rechazo a la dictadura de Nicolás Maduro.

Afirmar que el gobierno de Maduro tiene los días contados no parece acertado. Pero el deterioro de la situación es tal que ya se habla de una división interna de las Fuerzas Armadas, bastión sobre el cual descansa la menguada fortaleza del régimen. Esa es la razón por la cual suspendió las elecciones de gobernadores y alcaldes en el 2017 y la realización del referendo revocatorio, mientras siguen creciendo los índices de muertes violentas y de las causadas por la falta de medicinas.

Ahora, con el regreso de la protesta masiva, la alternativa que les queda a los militares es reprimirla a sangre y fuego como lo ha hecho en ocasiones anteriores, prolongando un sainete que ha sido funesto para Venezuela. O entender que su lugar está al lado de la constitución como guardiana de la Democracia.

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