Relaciones y reacciones peligrosas

Relaciones y reacciones peligrosas

Junio 02, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

Para Nicolás Maduro y el chavismo debe ser incómodo que el presidente y el Congreso de cualquier país respetuoso de la democracia reciban a sus opositores. Sin embargo, la decisión de hacerlo depende de ese país y no puede estar expuesta a la censura, porque esa actitud desconoce la autonomía de las naciones para decidir con quién dialoga.

Nada puede ser más bochornoso para su Nación que la reacción escandalosa del gobierno de Venezuela ante la reunión del presidente Juan Manuel Santos y el gobernador del Estado Miranda, Henrique Capriles. Además de desnudar las limitaciones e intenciones de quienes sucedieron a Hugo Chávez, también se puso de presente el peligro que representa para Colombia el mantener a ese régimen ligado a las conversaciones con las Farc en Cuba. Para Nicolás Maduro y el chavismo debe ser incómodo que el presidente y el Congreso de cualquier país respetuoso de la democracia reciban a sus opositores. Sin embargo, la decisión de hacerlo depende de ese país y no puede estar expuesta a la censura, porque esa actitud desconoce la autonomía de las naciones para decidir con quién dialoga. Es como si el Gobierno Nacional le prohibiera a Maduro y su séquito mantener relaciones más que cordiales con las Farc y el ELN, grupos acusados de toda suerte de actos de violencia en nuestro país. También es cierto que el gobierno venezolano puede expresar su incomodidad por la acogida que se le da a Capriles en Colombia. Pero de ahí a desatar un escándalo en el cual abunda el lenguaje procaz y amenazante hay una gran diferencia. Y es inaceptable amenazar con retaliaciones, además de inventar supuestos complots para envenenar al presidente de Venezuela Maduro, exigiéndole al presidente Santos, explicaciones e investigaciones sobre conspiraciones que más parecen recursos desesperados dirigidos a despertar la solidaridad y el respaldo que pierde a diario el régimen de Maduro, Cabello y Jaua entre los venezolanos.El presidente Santos ha actuado con aplomo y seriedad ante la andanada de su colega, de personajes como su canciller y el presidente de la Asamblea Nacional venezolana. Para eso es la diplomacia. Pero tampoco cabe duda de que, en adelante, nuestro país seguirá siendo objeto de la amenaza constante de los vecinos. Antes fue el chantaje que destruyó el comercio bilateral. Ahora es el diálogo con las Farc en el cual el gobierno de Maduro actúa como acompañante del proceso, debido a sus estrechas relaciones con los jefes de la guerrilla. Lo cual resulta inaceptable, puesto que el papel que cumple en esa función debe estar libre de cualquier sospecha. Pareciera que la explosión del régimen que manda en Venezuela, llenando de agravios a nuestro país y sus autoridades en conspiraciones mentirosas, fuera apenas una reacción de inmadurez. Pero el asunto es mucho más grave de lo que parece. Lo que está cada vez más claro es que detrás está el afán de Maduro y sus compañeros por despertar el nacionalismo para recuperar la legitimidad que han perdido entre el pueblo venezolano desde el momento en que asumió el poder tras unas elecciones cuestionadas.Por eso hay que reaccionar en forma serena pero enérgica, aclarando el enojoso escándalo y fijando los límites hasta dónde puede llegar su participación en los diálogos con la guerrilla. De lo contrario, Colombia corre el inaceptable riesgo de convertirse en rehén permanente de las pataletas con las cuales pretenden involucrarla en los asuntos internos de Venezuela.

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