Rehén de la violencia

Junio 12, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"El Pacífico colombiano vive hoy entre la zozobra y el miedo. En su pretensión de controlar una región estratégica para sus negocios ilegales, y aprovechando la debilidad del Estado en esa parte del país, las Farc junto a otras organizaciones criminales lo convirtieron en epicentro del terrorismo y a su población en rehén de la violencia".

El Pacífico colombiano vive hoy entre la zozobra y el miedo. En su pretensión de controlar una región estratégica para sus negocios ilegales, y aprovechando la debilidad del Estado en esa parte del país, las Farc junto a otras organizaciones criminales lo convirtieron en epicentro del terrorismo y a su población en rehén de la violencia. La arremetida de ataques de la guerrilla de las Farc en las últimas semanas es la continuación del drama que por décadas ha padecido la Costa Pacífica, desde Nariño hasta Chocó, pasando por el Cauca y el Valle. Las difíciles condiciones de su topografía que permiten escapar de la persecución de la Fuerza Pública, la cercanía al océano y la fragilidad de las instituciones de gobierno, allanaron el camino para que el narcotráfico y la minería ilegal se asentaran en la zona, mientras facilitaron la llegada tanto de grupos armados ilegales como de delincuencia organizada.En medio de esos negocios ilícitos y del accionar de los violentos han quedado los habitantes del Pacífico, gentes buenas a quienes se les ha destruido su forma de vida, han sido obligadas a desplazarse y padecen las consecuencias de la demencia del terrorismo. Ellos son las verdaderas víctimas de atentados contra la infraestructura eléctrica como los que dejaron recientemente sin energía por varios días a Tumaco y Buenaventura. Son ellos los damnificados de los daños ambientales que ocasionan las voladuras de oleoductos y ataques en zonas petroleras, como los de esta semana en Nariño y Putumayo, que afectan principalmente ríos y humedales de los que se surten de agua.Es la población la que sufre con las tomas armadas, las minas antipersona y los ataques a las estaciones de Policía y a la Fuerza Pública, que son el pan de cada día en departamentos como el Cauca. Es ella la que vive en constante temor por las amenazas de los violentos y por la ausencia de un Estado que no le garantiza su protección, ni le brinda las oportunidades que le permitan salir de la espiral de la guerra declarada por guerrilla y las organizaciones del crimen.Quizás la pretensión de las Farc con los recientes ataques sea presionar al Alto Gobierno que está en Bogotá y buscar concesiones en los diálogos que se adelantan en La Habana. Una estrategia perversa a la que se debe responder no sólo desplegando más policías y militares o combatiendo el imperio del narcotráfico que hizo del Pacífico el corredor estratégico por donde se mueve el 50% de la cocaína que abastece al mundo.Nunca como ahora se está viendo que la violencia en el Pacífico colombiano se deriva del abandono al que se ha sometido a la provincia y se alimenta de la falta de oportunidades y de desarrollo para sus habitantes. Por eso, se debe enfrentar con una mayor presencia del Estado, con el fortalecimiento de las instituciones de gobierno y llevando a la región el bienestar que se le ha negado a su población por siglos.

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