Realidad innegable

Realidad innegable

Enero 25, 2018 - 11:55 p.m. Por: Editorial .

La otra cara de la tragedia que vive el pueblo venezolano a causa de la destrucción de su economía y la implantación de la violencia y la tiranía en su país, está en Colombia. Cómo recibir la migración que a diario llega a nuestra tierra es lo menos que puede esperarse, para evitar una pesadilla que ya se asoma en la frontera común y en muchas ciudades.

Según datos de Migración, 35.000 venezolanos ingresan a diario a nuestro país, muchos de los cuales entran para comprar alimentos y medicinas, y otros siguen su tránsito hacia Ecuador, Perú y otras naciones. Se estima también que alrededor de seiscientos mil de ellos se han quedado aquí en los últimos años, muchos de los cuales no cuentan con recursos para su manutención y necesitan ayuda para superar las difíciles condiciones que padecen a raíz del desastre que los ha expulsado de su patria.

Son seres humanos que necesitan apoyo. Colombia ha hecho honor a la palabra de pueblo hermano al recibirlos con los brazos abiertos al reducir al máximo los requisitos y brindarles abrigo en la medida de sus posibilidades. Sin embargo, y como se ha sabido por las medidas tomadas a raíz de fenómenos que se han presentado en plazas, parques públicos y barrios de Cúcuta, sus limitaciones están generando también problemas que necesitan respuestas urgentes que no sean sólo la deportación.

Sin duda, nuestro país debe ser solidario con los venezolanos, además de agradecido por la acogida que durante décadas les brindaron a nuestros nacionales. Pero también es claro que en el último año, Colombia ha experimentado un aumento en el desempleo por lo cual tiene serias limitaciones para ofrecer trabajo e ingresos estables a los migrantes que se van acumulando en todas partes, lo cual redunda en condiciones lamentables para ellos y en algunas inconformidades y expresiones de rechazo inaceptables.

Esas circunstancias llevan a plantear la necesidad de actuar para responder al desafío que significa la ruina de Venezuela, la permanencia de la tiranía en ese país y las necesidades que traen quienes huyen del hambre, la miseria y la violencia que padecen. Mientras dure esa migración anormal y ante las dificultades de nuestro país, hay que tomar decisiones para atenderla como debe ser.

Guardadas las proporciones, debe decirse que lo que está ocurriendo aquí tiene parecidos innegables con lo que sucede con los desplazados por las guerras de Asia y Oriente Medio. Pero una de las grandes diferencias es que Colombia no tiene la capacidad que se requiere para enfrentar un desafío que no parece tener final cercano.

Por eso es fundamental apelar a la comunidad internacional que condena la dictadura que destruye a nuestro vecino, para que aporte a la atención de un drama que crece y puede llegar a ser explosivo si no se toman las medidas que requiere y si no existen los recursos que esa operación demanda. Para ello existen las Naciones Unidas, la Organización de Estados Americanos e incluso la Unión Europea, todas enfrentadas a la tiranía que manda en Venezuela.

Por ello, hay que actuar antes de que sea demasiado tarde.

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