¿Que pague el usuario?

Enero 24, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"Ahora, y quién sabe por cuánto tiempo más, los colombianos deberán acostumbrarse al racionamiento cuando no a la escasez total de gas natural. Esas serán otras incómodas y absurdas amenazas contra la economía doméstica de millones de familias y contra la eficiencia de las industrias y empresas que usan el fluido para abaratar los costos y ser competitivos".

Dentro de las desagradables amenazas que le han aparecido a Colombia en los últimos tiempos, la de la infraestructura a través de la cual se transporta el gas empieza a tener una importancia inusitada. Ahora, el descubrimiento que han hecho altos funcionarios del Estado lleva a pensar que la responsabilidad de los desastres naturales y de la improvisación la deben asumir los usuarios. Así parece desprenderse de las declaraciones del señor Ministro de Minas y Energía, quien ya insinuó la posibilidad de que sean los abonados al servicio doméstico, las industrias y el sector transportador, quienes deban pagar la construcción de una red alternativa para evitar los ya frecuentes cortes causados por las temporadas invernales. Es decir, no habrá posibilidad de que el Estado y quienes contrataron la construcción de los gasoductos, se hayan siquiera equivocado al diseñar y construir el tubo que la semana pasada dejó a la Costa Atlántica y al Suroccidente colombiano al borde de otro racionamiento ruinoso. Al parecer, al señor ministro Mauricio Cárdenas sólo se le ocurre que los recursos deberán aportarlos los colombianos mediante el incremento de las tarifas. Con lo cual se evita pedir explicaciones sobre la forma en que se autorizó la construcción de los gasoductos sin prever los riesgos que implica la geografía nacional. Y sin que en su momento se hubiera exigido a los planificadores y constructores el establecimiento de alternativas para evitar los cuantiosos daños que podrían generar situaciones que, como las ocurridas en los últimos meses, podrían ser previstas. Lo cierto es que cuando se empezó a promover la idea de cambiar el consumo de energía por el gas natural, a la gente se le dieron razones para confiar en el nuevo sistema. Mientras los colombianos, que no tenían por qué conocer los riesgos que hoy amenazan el suministro del combustible, se despreocuparon, cambiando de manera rápida muchos automóviles de servicio público, así como los sistemas industriales. Y qué decir de los millones de hogares que en el centro, sur y occidente del país adoptaron la nueva tecnología, siguiendo en un todo la política del Gobierno, motivada a su vez por el ahorro que significaba en materia de consumo energético. Ahora, y quién sabe por cuánto tiempo más, los colombianos deberán acostumbrarse al racionamiento cuando no a la escasez total de gas natural. Esas serán otras incómodas y absurdas amenazas contra la economía doméstica de millones de familias y contra la eficiencia de las industrias y empresas que usan el fluido para abaratar los costos y ser competitivos. O sea que, según la fórmula ministerial, la traqueada competitividad, requisito indispensable para afrontar los Tratados de Libre Comercio en que nos hemos comprometido, sufrirá otro golpe puesto que los exportadores deberán pagar la improvidencia. Infortunadamente, ese es el mensaje que le deja el ministro Cárdenas a la economía nacional, ya suficientemente alarmada por el mal estado de la infraestructura que lleva al frecuente aislamiento y al encarecimiento del transporte.

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