Progresos y dificultades

Abril 04, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

La pregunta que surge es si además de capturar o dar muerte a algunos de los capos más buscados, la estrategia del gobierno está afectado el vasto negocio del narcotráfico. José Luis Piñeyro recuerda lo que suele suceder un narcotraficante de peso cae: “hay una pelea interna por ocupar el lugar y se reemplaza con relativa rapidez al capo caído”. Algo que se ha visto no sólo en México -donde todos los capos capturados o muertos ya tienen reemplazo-, sino en Colombia o Italia. “El narcotráfico es un negocio muy redituable que difícilmente se puede acabar con golpes militares, porque en ciertas regiones de México es una forma de vida”.

En los últimos ocho meses, el gobierno mexicano ha logrado descabezar a tres de los principales carteles del narcotráfico en el país. Sin embargo, la lucha para terminar el poder de las mafias está muy lejos de terminar. Primero cayó Miguel Ángel Treviño Morales, ‘Z40’, líder del cartel de los Zetas. Luego le llegó el turno a Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán, líder del cartel de Sinaloa y el narcotraficante más buscado del mundo. El 9 de marzo cayó Nazario Moreno, alias El Chayo o El más loco, máximo dirigente de Los Caballeros Templarios, a quien se había dado por muerto en 2010. ¿Qué cambió de un gobierno a otro? No tanto, en realidad. La política de concentrar esfuerzos de las autoridades en la detención de los jefes de los grandes carteles se diseñó durante el gobierno de Felipe Calderón. La diferencia debe encontrarse más en aspectos de táctica, como hacer menos pública la lista de objetivos prioritarios y además ampliarla para ocupar a lugartenientes, contadores y otros personajes cercanos a la cúpula de poder.Adicionalmente debe tenerse en cuenta el fenómeno de las autodefensas de Michoacán, que han colaborado con las autoridades y acorralado a los capos en los centros neurálgicos del negocio. Así, lo que ha existido es una especie de afinamiento de la política y un cambio de circunstancias sociales, generado por la participación ciudadana en la lucha contra los carteles de la droga.Pero si bien los éxitos están a la vista, también se advierte que no se deben echar las campanas al vuelo, pues apenas se está a medio camino. La captura de los capos no significa el fin del negocio. También se puede dar el efecto exactamente contrario, como reflexiona el analista mejicano Roberto Arnaud.“El descabezamiento de los grandes carteles dará pie al surgimiento de una nueva estructura criminal en México, formada por grupos menores que representan nuevos retos y amenazas para el Estado” (como ocurrió en Colombia con los Bacrim). “Me parece que el gobierno federal está propiciando este cambio y en los últimos meses hemos visto los primeros resultados de esta nueva dinámica criminal, como son los incrementos en los secuestros y las extorsiones, y enfrentamientos de menor intensidad entre bandas criminales”.La pregunta que surge es si además de capturar o dar muerte a algunos de los capos más buscados, la estrategia del gobierno está afectado el vasto negocio del narcotráfico. José Luis Piñeyro recuerda lo que suele suceder un narcotraficante de peso cae: “hay una pelea interna por ocupar el lugar y se reemplaza con relativa rapidez al capo caído”. Algo que se ha visto no sólo en México -donde todos los capos capturados o muertos ya tienen reemplazo-, sino en Colombia o Italia. “El narcotráfico es un negocio muy redituable que difícilmente se puede acabar con golpes militares, porque en ciertas regiones de México es una forma de vida”.Para terminar con las mafias hay que empezar por neutralizar sus redes. Los aliados civiles y militares de los narcos también deben ser objetivos prioritarios, pues ellos sostienen el negocio y lo mantienen vivo. De lo contrario las grandes capturas no pasarán de ser titulares de prensa.

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