Preocupaciones de Francia

Mayo 30, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"Lo importante es el futuro de una Francia obligada a adaptarse a los nuevos tiempos en los que la realidad se impone al Estado de bienestar sin límites".

“Francia es buena haciendo revoluciones, pero no haciendo reformas”. Aparte de parecer cierta, la frase del escritor y filósofo Guy Sorman es oportuna para resumir la confrontación que ha desencadenado la reforma laboral implantada por el gobierno del presidente François Hollande.Con gasolina al mínimo en cerca de cuatro mil estaciones de servicio, vuelos cada vez más escasos, trenes esporádicos y la creciente posibilidad de que los apagones comiencen afectar varias regiones, las huelgas en varios sectores amenazan con frenar la marcha de esa nación. Y todo, a una semana de que allí comience la Eurocopa, el campeonato de fútbol más importante después de la Copa Mundo. Se prevé que al torneo concurrirá el mayor número de aficionados de su historia, por cuanto, por primera vez, serán 24 los seleccionados nacionales finalistas. ¿Cuánto puede costarle el actual caos a la industria turística, una de lsus industrias claves? Ese interrogante resulta cosa menor frente a las dificultades que plantean las acciones extremas de siete grandes sindicatos. Ellos están empeñados en no transigir para que cese la transformación sin antecedentes de las condiciones que hasta ahora tenían los trabajadores. En la otra orilla, sin más ofertas que no cerrar definitivamente la posibilidad de un diálogo, Hollande y su primer ministro Manuel Valls se juegan a fondo con la reforma. No lo hace gratis. El Presidente quiere pasar a la historia y buscar una eventual relección cuando falta un año para las elecciones.Sin detenerse en la Cámara de Diputados, el mandatario socialista al que algunos de sus copartidarios ya lle desconocen ese carácter ha intentado voltear las intocables condiciones que hacen del sistema laboral francés uno de los más garantistas del mundo.Entre otras medidas, pretende acabar con el ‘sagrado’ término de las 35 horas semanales; autorizar despidos colectivos, si las empresas dan pérdidas consecutivas o plantean reorganizaciones; rebajar las indemnizaciones; disminuir los niveles de recargo a las horas extras; o incluso dar vía libre para renegociar salarios pactados. En algunas de esos capítulos, como indemnizaciones y despidos, ha tenido que echar pie atrás o matizar, con las críticas de la oposición que se queja de que el Ejecutivo está amarrado por los sindicatos. Y mientras los argumentos de las fuerzas sindicales se centran en denunciar una regresión, el gobierno apela a las cifras. Francia tiene por qué estar preocupada. Tres millones de personas no tienen trabajo. Eso es un 10,2%, frente al 4,3% de la siempre comparativa Alemania. El crecimiento del 0,5% en el primer trimestre de este año no es malo pero sí resulta lento frente a las obligaciones contraídas por un Estado en el que el tamaño de lo público en la economía es de un 57%.De lo que salga en las próximas horas de un eventual acercamiento entre las partes, dependerá el pronto retorno a la normalidad. Eso es lo urgente. En cambio, lo importante es el futuro de una Francia obligada a adaptarse a los nuevos tiempos en los que la realidad se impone al Estado de bienestar sin límites.

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