Por un debate limpio

Mayo 11, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

Nos referimos a la tendencia de evitar el debate público entre todos los aspirantes para ilustrar a los electores. Es el debate democrático, en condiciones de igualdad y sin sesgos en los medios de comunicación, que cumple con informar a los ciudadanos, como corresponde a la democracia.

Mientras los colombianos esperan una campaña presidencial donde se debatan las propuestas y se tenga la oportunidad de conocer las ejecutorias de los aspirantes en condiciones de igualdad, la polarización entre dos de ellos la han llevado al escenario del agravio y el desprestigio. Es la política de la descalificación, que ante la calidad de los contendores siembra sospechas y de paso le quita legitimidad a la democracia.Eso es lo que está ocurriendo cuando faltan dos semanas para que se realice la primera ronda electoral. Las encuestas que miden lo que se conoce como la intención de voto, ha llevado a que la atención se concentre en dos de las seis aspiraciones, lo que a su vez ha marcado una tendencia que si bien está dentro del marco jurídico, no parece ser lo más aconsejable para que el ciudadano conozca el contenido de lo que será el manejo del Estado después de la elección del nuevo Presidente de la República, o de la reelección del actual mandatario. Nos referimos a la tendencia de evitar el debate público entre todos los aspirantes para ilustrar a los electores. Es el debate democrático, en condiciones de igualdad y sin sesgos en los medios de comunicación, que cumple con informar a los ciudadanos, como corresponde a la democracia. Infortunadamente, los favoritismos han llevado a aplicar estrategias que pretenden proteger las ventajas alcanzadas según las encuestas, sobre la base de que ese debate beneficia a los rivales más desconocidos o menos favorecidos por la intención de voto que reflejan las consultas. Más grave aún es lo que está sucediendo. Si bien se han conocido las propuestas del presidente Juan Manuel Santos y del doctor Óscar Iván Zuluaga, candidato del Movimiento Centro Democrático, lo cierto es que sus campañas están cada vez más concentradas en el ataque que produce escándalo y pretende destruir la imagen del contendor. Son hechos que llegan a la categoría de delitos, que se denuncian públicamente y encuentran eco en los medios en lugar de llegar a la justicia como corresponde y esperar a que ésta de su veredicto.Como consecuencia, la que sufre es la institucionalidad. Por eso, los colombianos y la opinión que no tiene compromiso de bandera están expresando su rechazo por las tácticas descalificadoras. Y por la conducta de los órganos de investigación que parecen intervenir en el juego, buscando protagonismo en lugar de guardar la prudencia que demanda el momento. Lo que no significa propiciar la impunidad para cubrir hechos y actuaciones que deben ser esclarecidos. Ante el daño que causan esas estrategias, es hora de reclamar que se termine la guerra sucia y se le abra espacio al debate sano, programático e incluyente que merece la Nación. Que se permita el contraste de las ideas y los programas, es la esencia de una campaña electoral. Lo contrario, hacer uso del escándalo que producen la acusación penal y la sospecha, sólo lleva a debilitar la democracia y a alejar al ciudadano de las instituciones que siempre deben ser más importante que las personas si lo que se busca es tener un Estado respetable y acatado por toda la sociedad.

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