Por la puerta de atrás

Por la puerta de atrás

Marzo 21, 2018 - 11:55 p.m. Por: Editorial .

Luego de ser descubiertos los intentos por conseguir votos a cambio de dádivas, contratos y prebendas, el presidente del Perú renunció a su cargo. Así, Pedro Pablo Kuczynski, quien era una esperanza para superar la interminable borrasca de corrupción que deja mal paradas a las instituciones de su país, se convierte en otro expresidente que debe responder por sus malas acciones en ejercicio del poder.

La situación que terminó con la presidencia de PPK, como se conoce en el Perú, fue consecuencia de los videos que grabó un congresista, en los cuales algunos aliados del Presidente le hacen ofrecimientos de cargos, de obras y contratos a cambio de su voto favorable para evitar la vacancia del cargo. El resultado fue demoledor, al punto en que por sí solo consiguió que muchos de quienes votaron a su favor el pasado diciembre anunciaran el respaldo a la condena.

Más grave aún es que su gabinete, compuesto por una compleja alianza de partidos que integraban el respaldo al mandatario, le anunciaron que se retirarían en caso de que no presentara su renuncia antes del nuevo debate para declarar la vacancia que debía adelantarse hoy. Así, Kuczynski se quedó solo, mientras que personajes como Kenji Fujimori, hijo del expresidente Alberto que fue perdonado una vez éste votó contra la primera censura, vuelven a ser objeto del escarnio público por sus maniobras dirigidas a canjear el control político por prebendas, beneficios o canonjías.

PPK es el tercer presidente del Perú acusado de tener relaciones con la constructora brasileña Odebrecht, e iba a ser acusado de nuevo por haber prestado asesorías a la corrupta multinacional brasileña y haber recibido dineros de ella. Los otros dos, Alejandro Toledo y Ollanta Humala están bajo arresto y se preparan para los juicios que definirán su responsabilidad y les aplicarán las sanciones si resultan culpables.
Aunque ese es uno de los orígenes de su caída, lo que sucedió ayer fue producto de su fragilidad política que lo llevó a usar el poder de la Presidencia de su país para tratar de asegurar el fracaso de la moción que podría terminar con su destitución. Es el clientelismo a la manera del Perú y de países como Colombia, donde el intercambio de apoyos en el Legislativo y de la potestad de hacer control político por obras, puestos y contratos, se vuelve la manera corriente de construir la gobernabilidad sin importar la ética.

“No permitiré, especialmente a mis funcionarios, caer en la indignidad de la corrupción. (…). Quien falle terminará ante la Justicia”. Así se expresó Kuczynski en su discurso de posesión, cuando la mitad de los peruanos veían en él la posibilidad de cambiar la política. Veintiún meses después, el hoy expresidente grabó un mensaje de despedida y envió un mensaje al Parlamento donde oficializa su renuncia. Luego salió por la puerta de atrás del palacio presidencial.

“Que Dios bendiga al Perú”, fueron las últimas palabras de Kuczynski como su presidente. Sin duda, su país lo necesitará para superar la crisis moral y política que le han dejado tantos años de corrupción en el primer cargo de esa Nación.

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