Por la convivencia

Julio 31, 2017 - 11:31 p.m. Por:
Redacción de El País

El nuevo Código de Policía, cuyas sanciones efectivas empiezan a regir desde hoy en Colombia, es un avance importante en el propósito de mejorar la convivencia ciudadana y darles a las autoridades herramientas más eficaces para mantener el orden.

El propósito ha sido difundido en forma abundante. No obstante, son varios los desafíos que deberá sortear la nueva reglamentación, que cuenta con 245 artículos y que tuvo entre sus motivaciones la de diseñar unos códigos de comportamiento ciudadanos ajustados a la realidad del país y que contribuyan a reducir los niveles de violencia originados en problemas de intolerancia.

Uno de los desafíos primordiales será evitar que el estatuto se convierta en un simple paquete de normas coercitivas o en fuente de ingresos por concepto de multas y sanciones. Lo verdaderamente importante es hacer que los colombianos entiendan que no se trata solo de seguridad, que es también el manual de comportamiento ciudadano que nos regirá en los próximos años.

Sólo en la medida en que la ciudadanía se apropie de esta herramienta será posible promover el respeto, el ejercicio responsable de la libertad, la dignidad y los deberes de los ciudadanos. El mejor ejemplo de ello lo han dado los habitantes del barrio El Refugio de Cali, quienes se unieron a la Policía para enfrentar problemas como el hurto y el microtráfico y a través de cámaras de seguridad y alarmas lograron en tres meses reducir en más del 50% el robo en las viviendas y expulsar a drogadictos y expendedores de su sector.

Buena parte del éxito que pueda tener la Ley 1801 de 2016 dependerá de que haya la pedagogía necesaria para que los ciudadanos comprendan que se sancionarán como infracciones que ocasionan multas y sanciones actos como el consumo de bebidas alcohólicas en espacios públicos, el hacer las necesidades fisiológicas en las calles o la quema de pólvora. Es la redefinición de los límites que deben existir para el ejercicio de derechos y libertades.

También es innegable que existen problemas a causa de que el código se pone en ejecución cuando ya estaban definidos los presupuestos municipales y no cuenta con fuentes de financiación. De otra parte, es notoria la falta de centros atención y protección a ciudadanos en condiciones vulnerables o de sitios para el almacenamiento y disposición de armas incautadas. Es de esperar que no se vuelvan un obstáculo para un instrumento que promueve unas mejores relaciones entre los colombianos.

Será también necesario que haya claridad frente algunas disposiciones como la que ordena, por ejemplo, que la seguridad en los eventos masivos corra por cuenta de empresas de vigilancia privada. Sobre todo en ciudades como Cali, donde es grave el problema con las barras bravas en los partidos de fútbol, un espectáculo privado que congrega el interés público.

El país empieza hoy una etapa con la puesta en marcha del Código de Policía y Convivencia. Ahora es necesario construir los elementos necesarios para lograr que se convierta en el instrumento capaz de promover el buen comportamiento social.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad