Por el acuerdo nacional

Octubre 05, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

Ese espíritu es el que debe primar en este momento difícil y complejo como pocos en nuestra historia política. Es el deber de mirarse los unos y los otros no como enemigos y rivales, si no como lo que son, expresiones diversas de unos mismos propósitos, el logro de la paz para Colombia y el mantenimiento de la libertad y la democracia como esencia de nuestra Nación.

Hoy, en la casa de Nariño, tendrán lugar sendas reuniones del presidente de la República, Juan Manuel Santos, con el expresidente Andrés Pastrana y luego con el líder del Centro Democrático, Álvaro Uribe. Allí puede estar el principio de las soluciones que requiere Colombia luego del resultado del plebiscito sobre el acuerdo con las Farc. Desde el mismo domingo, las declaraciones del Jefe del Gobierno y del hoy senador Uribe dieron a entender que existía la disposición necesaria para empezar a encontrar soluciones al impasse creado por el triunfo del No en la consulta popular del pasado domingo. Es sin duda un gran avance el que ese encuentro se produzca, además de constituirse en la respuesta al pedido que desde hace muchos años han hecho sectores representativos de la Nación.Esas reuniones pueden ser definitivas para despejar la incertidumbre política que surgió del inesperado resultado electoral. Aunque no hay dudas de que ese resultado impide la entrada en vigor del acuerdo de La Habana y de todas sus consecuencias jurídicas, no es menos cierto que la voluntad de paz, y de lograr el fin de la violencia mediante la negociación con el grupo guerrillero es el sentimiento de todos los colombianos.Hoy está claro que la mitad del país reclama ajustes al acuerdo. Al Gobierno Nacional le sigue correspondiendo la responsabilidad de mantener con vida la negociación con las Farc. Así lo hizo el presidente Santos al mantener el cese el fuego bilateral cuando se conocieron los resultados del plebiscito. Esa línea tiene que continuar, evitando interpretaciones que sugieran el desconocimiento de las normas constitucionales que fijan en el Primer Mandatario la competencia exclusiva para dirigir cualquier negociación con grupos alzados en armas.Ese espíritu es el que debe primar en este momento difícil y complejo como pocos en nuestra historia política. Es el deber de mirarse los unos y los otros no como enemigos y rivales, si no como lo que son, expresiones diversas de unos mismos propósitos, el logro de la paz para Colombia y el mantenimiento de la libertad y la democracia como esencia de nuestra Nación.En ese camino, lo deseable es que de las consultas que se celebrarán hoy en la Capital de la República salga el otro acuerdo, el que permitirá renegociar el logrado con las Farc luego de cuatro años, a partir de la expresión libre y soberana del constituyente primario. Es de esperar que sus líderes, quienes han reiterado su intención de no regresar a la violencia, ratifiquen su compromiso al aceptar que se revisen los puntos pactados y firmados el pasado 26 de septiembre en Cartagena.Las expectativas están puestas en la posibilidad de crear un consenso entre el gobierno y la oposición que permita superar un distanciamiento largo y dañino, y poder cumplir el mandato de las urnas como corresponde a una democracia. Y después, de lograr que la guerrilla haga el primer gran gesto político de su nueva etapa sin armas, el de respetar la voluntad expresada por la mayoría de los votantes el pasado domingo.

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