Por arte de magia

Diciembre 16, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

El asunto de los billetes de 100 bolívares es por lo menos insólito. Aduciendo que existe una mafia para manipular esos títulos valores, Nicolás Maduro y su corte desconocen su validez y dan un plazo de 72 horas para devolverlos a los bancos so pena de perder el valor que representan.

Apelando a argumentos absurdos, el Gobierno de Venezuela le asestó un golpe demoledor a la fe pública y a la credibilidad de la economía en ese país. Y de paso, está causando daños enormes al nombre de Colombia y a los comerciantes que de buena fe aceptaron vender sus productos a los venezolanos y hoy son desfalcados por las autoridades del incómodo vecino. El asunto de los billetes de 100 bolívares es por lo menos insólito. Aduciendo que existe una mafia para manipular esos títulos valores, Nicolás Maduro y su corte desconocen su validez y dan un plazo de 72 horas para devolverlos a los bancos so pena de perder el valor que representan. Cabe aclarar que no son billetes falsos, sino documentos válidos en los cuales consta el compromiso del Estado venezolano de responder ante sus tenedores. Pues esta vez única en la historia del billete como medio de pago, Venezuela desconoció su autenticidad y su valor, escaso por cierto ante la inflación de tres dígitos que padece el empobrecido país. Y para hacerlo echó mano a su estrategia de acusar al “imperialismo norteamericano” y a las “bandas criminales” que desde Colombia se confabulan para causar daño a su país. Y cerró las fronteras, deteniendo el flujo de miles de venezolanos que a diario atravesaban los puentes para comprar los alimentos, las medicinas y los artículos de primera necesidad que el fracasado régimen chavista no permite producir ni vender ni importar. Lo que no era necesario, ya que su actuación convirtió en papeles inútiles los que son los medios de pago por excelencia en una sociedad civilizada, así sea comunista. Ahora, millones de personas hacen colas para devolver sus billetes en todas las ciudades de la patria de Bolívar, ningún banco puede cambiárselos porque no tienen cómo hacerlo y la economía regresa a la época del trueque, puesto que no existe la manera de realizar transacciones con efectivo. Es el intento más descabellado por impedir que la inflación siga destruyendo la capacidad adquisitiva de nuestros vecinos. Y en medio de tal locura, muchos colombianos pagan las consecuencias. Son los comerciantes que hasta la semana pasada recibieron los bolívares legales y ahora son tildados de delincuentes. Además de haber perdido ya su valor, cadenas de autoservicios, taxistas, vendedores de frutas o peluqueros son objeto de la criminalización que pretenden el presidente Maduro y sus compañeros de gobierno, si por desventura tienen en sus bolsillos un billete de cien bolívares. Otra vez, nuestros compatriotas de la frontera deben pagar por el desastre que ha producido en su Nación el régimen chavista. Ellos prestaron sus servicios y vendieron sus productos de buena fe, ayudando de paso a los vecinos a mitigar la ecasez y las carencias a las cuales han sido condenados por el populismo con vestido socialista que rige sus destinos. Y de nuevo, sus gremios y sus autoridades se dirigen al Gobierno Nacional para que los defienda del atropello del cual son víctimas, así como para que exija respeto por Colombia, por su nombre y por sus ciudadanos. Esa petición debe ser escuchada y atendida.

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