Perdimos el año

Perdimos el año

Enero 06, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"Sí, Cali perdió el 2010 en seguridad, en la protección de la vida y en la construcción de la convivencia".

Terminó otro año violento en Cali, demostrando que el derecho a la vida continúa siendo un valor relativo en la sociedad. Y que la ciudad parece cada vez más insensible ante un cáncer que, además de dejar miles de víctimas y de familias destruidas, la convierte en epicentro de inseguridad y de discordia.La afirmación la confirman los 1.813 homicidios cometidos en los últimos 12 meses, y las 677 riñas que atendió la Policía Metropolitana cada día, 35% de las cuales fueron originadas en violencia intrafamiliar. Es decir, la capital de la alegría llegó a la enorme cifra de 80 homicidios por cada 100 mil habitantes, demostrando que esta urbe es una de las más peligrosas de Colombia y quizás del mundo. El narcotráfico genera el 30% de los crímenes. Pero también es claro que la nuestra es una sociedad traumatizada por la anarquía que origina la afluencia de migraciones desordenadas. Y resulta claro también que perdió la capacidad de asombro frente a la amenaza de la violencia, y que su sensibilidad y su reacción fueron reemplazadas por el conformismo. O, ¿cómo podría interpretarse que desde 1995 Cali mantenga el infame promedio de 60 muertes violentas por cada 100 mil habitantes?Dígase lo que se diga, muéstrense los corazones que se quieran como símbolo de la Administración Municipal y de amor en la ciudad, los caleños padecen el peor de los males. Es la insensibilidad y la política del sálvese quien pueda. Ahora, la comunidad ya no parece orientada hacia la convivencia y el respeto por la diferencia. Ahora se trata de aprender a esquivar el peligro, de encerrarse para esquivar las balas perdidas o de comprar un arma, supuestamente para defensa personal.Y no aparece un liderazgo que motive la reacción social contra una violencia destructora, en tanto las autoridades civiles y de Policía, o los observatorios sobre criminalidad, se trenzan en arduas discusiones sobre las estadísticas. Triste es reconocer que el Gobierno Municipal dedica menos del 8% del presupuesto de la ciudad a atender la seguridad, mientras en las calles se vive una tragedia, causada ante todo porque la gente ya no reconoce al Estado, a esos gobernantes locales que elige y a los jueces, como las instituciones creadas para resolver sus diferencias.En efecto, al ver que la seguridad ciudadana se interpreta como un asunto cuyo resultado es responsabilidad exclusiva de la Policía, y cómo las sucesivas administraciones locales que él eligió para gobernar su ciudad desconocen su obligación de invertir en la protección de la seguridad y la convivencia, el ciudadano se desentiende de sus deberes con la comunidad. Y se producen fenómenos como el que las armas de fuego causen más del 40% de los homicidios, o que en el 35% de estos el homicida haya estado bajo efectos del alcohol y el 12% de drogas ilícitas.Sí, Cali perdió el 2010 en seguridad, en la protección de la vida y en la construcción de la convivencia. Esa verdad que muestran las estadísticas reclama compromisos del Gobierno Municipal, de la Policía Metropolitana y de los estamentos sociales, para combatir la intolerancia y enseñar a vivir en comunidad.

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