Paros y elecciones

Paros y elecciones

Marzo 27, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"Lo que aparece entonces es la evidencia sobre el aspecto partidista de los dirigentes de la protesta que se han apropiado de la inquietud de los campesinos para producir una movilización que no traerá beneficios a los agricultores, sean campesinos pequeños, medianos o grandes empresarios".

Cuando ya se pensaba que las diferencias con algunos sectores del agro estaban en vía de solución, la amenaza del paro campesino vuelve a irrumpir, causando inquietud sobre los propósitos de sus dirigentes. Más aún, cuando el anuncio se hace en medio de una campaña donde el Presidente aspira a su reelección. Qué duda cabe sobre la necesidad que tiene Colombia de revisar la política agraria y crear condiciones para hacer rentable la agricultura, la agroindustria y la ganadería. Esa es una verdad incuestionable que surge de los años durante los cuales se ha aplazado la obligación de acabar con los desequilibrios sociales que causa el abandono de uno de los factores más importantes para la tranquilidad social y el desarrollo de la Nación.Pero tampoco parece aceptable que esa revisión pueda realizarse en tres meses y entre paro y paro, como pretenden los organizadores de un movimiento que busca apoderarse de la vocería del campesinado colombiano. Menos aún, cuando sus actuaciones están claramente vinculadas a grupos y partidos políticos, incluso a aspiraciones frustradas en las pasadas elecciones al Congreso. Y cuando se realizan en medio del proceso que determinará la elección del próximo Presidente de la República. Entonces, el asunto toma otro cariz, pareciendo más una presión oportunista al gobernante en trance de reelección. La demostración está en reclamar cosas como la reforma al Tratado de Libre Comercio firmado con la Unión Europea, o en tratar de forzar decisiones como el cambio en la Federación de Cafeteros. Lo que aparece entonces es la evidencia sobre el aspecto partidista de los dirigentes de la protesta que se han apropiado de la inquietud de los campesinos para producir una movilización que no traerá beneficios a los agricultores, sean campesinos pequeños, medianos o grandes empresarios.Tal actitud tiene que ser rechazada porque antes que un reclamo justo y necesario parece más bien una jugada oportunista, dirigida a causar zozobras en la sociedad, siguiendo un manual que ya se conoce desde agosto del 2013, donde las reivindicaciones campesinas fueron subordinadas a los propósitos ideológicos de muchos de sus organizadores. Y antes que la defensa de los campesinos tiene todas las características de una maniobra con la cual se pretende ganar protagonismo y presionar al gobernante para que otorgue concesiones, amenazándolo con perturbar sus aspiraciones como candidato.Por supuesto que el Estado debe escuchar las demandas de quienes viven en el campo. Y debe concentrarse en resolver los conflictos y las dificultades que padecen los campesinos, como quiera que ahí están varias de las más importantes causas de la violencia en Colombia. Pero se pierde el camino cuando se desconoce la voluntad de diálogo que han demostrado las autoridades y sus acciones para cumplir sus compromisos. Entonces, el reclamo pierde su esencia y se transforma en herramienta para hacer política, para tratar de imponer ideologías o de conseguir prebendas cuando se usa como ahora en medio de una campaña electoral.

VER COMENTARIOS
Columnistas