Paro contra el abandono

Agosto 14, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"Detrás de los reclamos de 12 poblaciones del Pacífico está la protesta del abandono secular que han debido padecer los moradores de esaa vasta región colombiana, que sólo son noticia cuando se produce un atentado terrorista de la guerrilla o se denuncia la destrucción que están produciendo el narcotráfico y la minería ilegal".

Hace cinco días, los habitantes de doce municipios del Litoral Pacífico se declararon en paro indefinido para protestar por el abandono en que se encuentran y exigir atención a sus necesidades. El inusual movimiento, en el cual están involucrados los departamentos de Nariño y Cauca, es otra expresión de la inconformidad que experimentan quienes en la provincia colombiana se sienten discriminados por el centralismo que padece Colombia. Los municipios que participan en el movimiento son El Charco, la Tola, Olaya Herrera, Santa Bárbara de Iscuandé, Mosquera, Barbacoas, Magüi Payán y Roberto Payán, Timbiquí y Guapi. Sus comunidades reclaman por salud, por educación que ofrezca verdaderas oportunidades, por la falta de agua, el mal estado de sus vías y las dificultades para el transporte marítimo y fluvial. Además, por la debilidad crónica de sus municipios para atender las necesidades básicas de la gente, agravadas por la politiquería, la corrupción y la desidia.Detrás de esos reclamos está la protesta del abandono secular que han debido padecer los moradores de una vasta región colombiana, que sólo son noticia cuando se produce un atentado terrorista de la guerrilla o se denuncia la destrucción que están produciendo el narcotráfico y la minería ilegal. Sólo allí aparecen los responsables de la Fuerza Pública o los gobernantes regionales y nacionales, para lamentar los hechos y ofrecer soluciones que casi nunca se cumplen. Se diría entonces que para eso opera la democracia, llevando a que cada municipio elija sus autoridades, o que participe en la elección de sus representantes en la Gobernación y la Asamblea de sus respectivos departamentos, o en la escogencia de los congresistas que los representan ante el Estado. Pero es suficiente revisar sus pocos indicadores de empleo y de necesidades básicas insatisfechas para reconocer que tales ideales no están cumpliendo su cometido. Por eso se produjo el paro que afecta a 240.000 colombianos. Es que a ellos les toca padecer que sus instituciones de gobierno no funcionen, o que no les llegue el apoyo departamental o municipal que les han ofrecido. Y que en las esferas oficiales no se escuche su voz, salvo cuando se produce un movimiento como el que está en desarrollo, o cuando, como ha ocurrido en varios de los doce municipios en paro, se produzcan hechos de sangre causados por el terrorismo y la amenaza de las bandas criminales que los rondan.Ayer, un grupo de manifestantes de Timbiquí se tomó la pista del aeropuerto de esa población e impidió la salida de un avión. Y de todos los municipios se reportan parálisis en el comercio, en los pocos centros educativos y en las alcaldías. Son protestas que desnudan en toda su gravedad los efectos del desamparo que padece el Litoral Pacífico. Y demuestran que el problema no son las ciudades de Buenaventura y Tumaco, sino que, por el contrario, sus males son consecuencia de la persistencia del Estado en ignorar el drama que crece en la provincia colombiana por el abandono.Los municipios del Pacifico reclaman atención y oportunidades de progreso.

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