Para volver a creer

Abril 25, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"Mientras algunas encuestas internas demuestran preocupación y pesimismo sobre la economía colombiana, calificadoras internacionales de riesgo como la Standard & Poors le suben su calificación y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, Cepal, predice un crecimiento sostenido de Colombia del 4,5%. Son dos miradas de una misma realidad".

Mientras algunas encuestas internas demuestran preocupación y pesimismo sobre la economía colombiana, calificadoras internacionales de riesgo como la Standard & Poors le suben su calificación y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, Cepal, predice un crecimiento sostenido de Colombia del 4,5%. Son dos miradas de una misma realidad.La una es la pesimista que con razones de peso como la caída de la industria en los últimos trimestres y de la agricultura, reclaman medidas urgentes para detener fenómenos como la revaluación que superó el 8% en el año anterior y es hoy el gran enemigo de la competitividad para los sectores exportadores. Y que ve en el desempleo y la concentración del ingreso dos enemigos de la sociedad que impiden celebrar el crecimiento sostenido del Producto Interno Bruto, jalonado sin duda por la minería y el petróleo.La otra es aquella que, especialmente en el exterior, ve razones de confianza en la estabilidad de las políticas económicas. Es la que expresa la calificadora de riesgo cuando reconoce que Colombia “ha reducido su vulnerabilidad a los impactos externos y ha mejorado su capacidad para un crecimiento estable a largo plazo del PIB”. Es decir, que nuestra economía conserva el vigor y la responsabilidad necesarios para confiar en su salud. En términos idénticos se expresa la Cepal al hacer su vaticinio sobre crecimiento. De igual manera se desarrolla un debate contradictorio acerca de los efectos que producirá el Plan de Impulso a la Productividad y el Empleo, conocido como Pipe y lanzado por el gobierno Nacional hace pocos días. Unos, encabezados por el Gobierno, afirman que la inversión calculada en cinco billones de pesos producirá un crecimiento adicional de un punto del PIB, servirá para impulsar la creación de 350.000 nuevos empleos y permitirá revertir la apreciación de nuestra moneda. Con lo cual se debe lograr aumentar la demanda interna de la producción nacional y recuperar la capacidad de competir en los mercados internos. Los otros, es decir quienes miran con pesimismo las actuaciones del gobierno, ven en el Pipe una profundización de las políticas que subsidian a algunos sectores mas no generan crecimiento estable. Son aquellos que advierten sobre la propensión del Estado a gastar en vez de aprovechar el momento para generar reformas estructurales que garanticen empleo estable, y que alertan sobre el espejismo que puede significar el que se hable de crecimiento basado sólo en la minería y el petróleo, ignorando los estragos que causa la enfermedad holandesa. Esas dos caras deberían estar en el centro del debate por encima de las disputas políticas y las negociaciones con las Farc. Siendo estos últimos de gran importancia, saber qué oportunidades tenemos y cómo hacemos para mejorar la calidad de vida de los colombianos son asuntos que no pueden ser deslazados por banderías, so pena de incurrir en error grave que tendrán que pagar las futuras generaciones. Siempre es mejor creer en lo que Colombia tiene y aprovechar las coyunturas positivas, en vez de dedicarse a la discusión eterna que confunde y desanima.

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