Para seguir adelante

Marzo 27, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"Lo que se firme debe ser un acuerdo con altura y no motivado por razones partidistas o de urgencias. Debe ser generoso con las Farc pero no una carta de impunidad total, que deje sin reparación a las víctimas de su terrorismo. Que termine con el narcotráfico del cual se benefician, lleve al efectivo abandono de las armas y consiga la promesa de nunca más hacer uso de ellas ni de la violencia contra sus compatriotas".

Así el presidente Juan Manuel Santos y el jefe de las Farc hayan fijado el pasado 23 de marzo como fecha límite para firmar el acuerdo final, el que no se haya hecho no debe verse como el fracaso del esfuerzo por terminar el cincuentenario conflicto. Pero tampoco puede ser tomado como el inicio de un período indefinido, donde el propósito inicial sea superado por el interés de causar incertidumbres.Cuatro años lleva este esfuerzo, en el que el presidente Santos ha puesto todo su empeño. Es un tiempo durante el cual se han hecho concesiones a la guerrilla más antigua del mundo para que entre en razón y termine su absurda violencia, si es que de verdad quiere integrarse a la vida civil y aportar a los cambios que requiera nuestra Nación.Pero también han sido cuatro años de negociaciones serias, en los cuales se han destacado el esfuerzo, el respeto y la dedicación del equipo negociador del gobierno que encabeza el doctor Humberto de la Calle. Algo parecido puede decirse de quienes liderados por ‘Iván Márquez’ representan a las Farc, aunque hayan abusado de los micrófonos para enviar mensajes que confunden y crean o aumentan la resistencia de muchos sectores de la sociedad al proceso que se lleva a cabo en La Habana.Y en el medio están los países garantes, cuyo trabajo ha permitido mantener las negociaciones y superar desencuentros peligrosos como el secuestro de un General de la República en el Chocó o las reuniones para realizar proselitismo armado en el corregimiento de Conejo en la Guajira. Ellos han sido prenda de garantía y factor para construir confianza entre las partes.Con esos elementos en la mano, puede decirse que la negociación ha logrado avances sustanciales. Pero, como lo dijo el doctor de la Calle el pasado 23, faltan acuerdos definitivos que no pueden tratarse en forma ligera. Como lo esperan los colombianos, de lo que se trata es de construir una paz estable, creíble y duradera para todos y no de firmar a prisa cualquier documento, que después produzca más dificultades que beneficios.Lo que se firme debe ser un acuerdo con altura y no motivado por razones partidistas o de urgencias. Debe ser generoso con las Farc pero no una carta de impunidad total, que deje sin reparación a las víctimas de su terrorismo. Que termine con el narcotráfico del cual se benefician, lleve al efectivo abandono de las armas y consiga la promesa de nunca más hacer uso de ellas ni de la violencia contra sus compatriotas.Para lograr ese objetivo debe reclamarse paciencia. Pero ello no puede significar la prolongación indefinida que convierta la negociación en un diálogo eterno, en el cual no se logren acuerdos en los, al parecer, innumerables puntos en los que aún existen diferencias y dificultades.Es decir, hay que esperar a que los progresos que se anhelan, lleguen en un plazo razonable. Para ello no hay otra forma distinta que construir confianza entre los negociadores y, sobre todo entre los colombianos. Es con ella, y con demostraciones de buena fe, como se podrá superar el momento al cual ha llegado la negociación que hace cuatro años se inició en La Habana.

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