Para construir confianza

Noviembre 25, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

Hoy es inocultable que en muchos sectores ajenos a la política y a los partidos se ha despertado cierto grado de escepticismo y de preocupación por el indulto que concederá el presidente Santos a treinta guerrilleros, condenados y detenidos.

Treinta miembros de las Farc presos en las cárceles de Colombia, serán amnistiados. Según el Gobierno Nacional, esa decisión debe interpretarse como un gesto que contribuya a aumentar la confianza en la negociación que se lleva a cabo en La Habana.Lo primero a tenerse en cuenta es que tal decisión está enmarcada en las atribuciones fijadas al Ejecutivo por la Constitución Nacional. Es pues una facultad casi discrecional del Presidente de la República que debe entenderse como instrumento que sirve para resolver conflictos como lo está haciendo ahora. Y en este caso, es un gesto unilateral que nace de la evaluación de los avances que, según el Gobierno, se han logrado en la negociación que cumplió ya tres años de su instalación formal.Luego viene el análisis acerca de la conveniencia de la medida. Sobre la base de que se aplicará a guerrilleros que manifiesten su interés de integrarse a la sociedad así como su compromiso de no reincidir en conductas ilícitas, el indulto se convierte en herramienta eficaz para mostrar la intención del Presidente de la República con respecto al proceso. Así como es un acto del cual será responsable el Primer Mandatario, con seguridad fue antecedido de actos de las Farc dirigidos a demostrar a la contraparte su voluntad de llegar al acuerdo final.Pese a la característica de excepcional, el indulto ha sido usado por varios presidentes, y con el mismo propósito. Si bien en algunos casos, como la liberación del entonces denominado canciller de las Farc produjo sólo frustración, pertenece al mundo de la política en la cual se pueden hacer concesiones para lograr beneficios a cambio. Allí está entonces la clave del asunto: qué recibirá a cambio el país, ya sea en la mesa de negociación de La Habana o en Colombia. Eso es lo que se preguntan los colombianos, quienes al final son los que deben percibir la bondad de la medida. ¿Será que las Farc tratarán de mostrar la decisión como uno de sus logros? O, ¿entenderán que el presidente Santos la ha tomado, asumiendo todos los riesgos, como un sincero interés de crear confianza y facilitar la negociación?La respuesta a esos interrogantes servirán además para aclimatar en la Nación la confianza que se requiere para que el eventual acuerdo final tenga acogida y rompa el escepticismo que por décadas han construido las Farc. Hoy es inocultable que en muchos sectores ajenos a la política y a los partidos se ha despertado cierto grado de escepticismo y de preocupación por el indulto que concederá el presidente Santos a treinta guerrilleros, condenados y detenidos.En ese orden de ideas, la respuesta debe estar dirigida a construir confianza en la ciudadanía que ha vivido la amenaza de la violencia y teme un nuevo incumplimiento como los producidos en épocas no muy lejanas. Esta es la prueba de fuego tanto para el Gobierno, que asume los riesgos de otorgar los indultos, como para las Farc, que están obligadas a demostrar su compromiso irrevocable con el fin del conflicto, con el abandono del terrorismo, de las armas y del narcotráfico.

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