Otra ronda en Ecuador

Julio 25, 2017 - 11:55 p.m. Por:
Elpais.com.co

Comenzó la tercera ronda de negociaciones entre el Gobierno y el ELN, y por lo que se ve, las expectativas son cada vez más notorias. A pesar de ello, el país debe mantener los ojos sobre un proceso en el cual está la posibilidad de terminar para siempre con la violencia que durante más de medio siglo practicaron las guerrillas.

Según lo que se ha informado, esta vez el tema central girará en torno a un acuerdo de cese al fuego bilateral. Luego de muchas discusiones sobre si es o no indispensable tomar esa decisión que significará suspender la acción de la Fuerza Pública para detener el terrorismo, el secuestro en todas sus formas, el control del narcotráfico y la ambiciosa suma de disidentes de las Farc para continuar con esa lucrativa actividad, el Gobierno parece dispuesto a llegar a un arreglo sobre ese asunto siempre que se logre concesiones de parte del ELN.

Pero, como ya ha sucedido en las anteriores reuniones, cada vez hay menos claridad y prima la confusión sobre lo que está pasando. Se dice que la ronda podría alargarse hasta la visita del Papa Francisco en el mes de septiembre, para poder anunciar en ese momento la decisión que se tome respecto a la detención de las actividades militares. Pese a ello, aún no se conoce quiénes serán los garantes de esa medida y cómo se les podrá asegurar a los colombianos que se detendrá la infernal maquinaria de guerra manejada por quienes insisten en considerar a los civiles como objetivo militar y como parte de su guerra.

Sin embargo, y fiel al estilo tradicional manejado por décadas, hasta ahora el grupo no ha dado muestras de su interés en suspender sus acciones violentas ni que tenga voluntad para cumplir un cese al fuego. Por el contrario, sus delitos continúan en aumento: los secuestros no han cesado, siguen cometiendo atentados terroristas y atacando a la Fuerza Pública en cualquier rincón del país.

Esos hechos, que contrastan ampliamente con el discurso de paz que sale de sus dirigentes, han llevado a que crezca el escepticismo entre los colombianos y a que los diálogos transcurran sin que se concreten los acuerdos que espera el país. Es como si se repitiera la historia de los últimos veinte años y como si algo tan crucial como suspender el terror como la manera de permitir que la conversación civilizada reemplace la sangre de los colombianos para encontrar salidas negociadas a un conflicto, sea algo impensable para los dirigentes de la organización armada.

Por eso nada hace prever que la llegada del Papa sea la razón para que al fin funcionen las conversaciones y el ELN demuestre su voluntad de paz. Por el contrario, es de temer que más explosiones de terrorismo sean usadas contra la Nación para presionar lo que los líderes de ese grupo consideran un punto de honor: el que su organización sea puesta en pie de igualdad frente al Estado, y se le otorguen las concesiones que buscan.

Al inicio de la tercera ronda en el Ecuador, los delegados del Gobierno deben estar atentos para evitar que la negociación caiga en la intrascendencia por causa de la posición intransigente de su contraparte.

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