Otra espina para Europa

Marzo 19, 2017 - 11:55 p.m. Por: Editorial .

Hace 12 años, cuando comenzó su proceso para pertenecer a la Unión Europea, era claro el interés que esa comunidad tenía en Turquía por ser el puente entre el Viejo Continente y Oriente Medio así como por la mano de obra proveniente de esa nación diseminada por su territorio. Hoy está más cerca una ruptura de relaciones que la integración.

El presidente Recep Tayyip Erdogan, en el poder desde el 2003, se ha ido revelando como un dictador que ha aprovechado las pretensiones de golpe de Estado para asfixiar la democracia. Y en vez de mantener la tendencia hacia la permanencia de un Estado laico ha ido reduciendo las libertades, mientras pretende imponer en el país un régimen religioso.

Como Erdogan está en plan de aumentar su poder a través de un plebiscito que se realizará en abril próximo para cambiar el sistema parlamentario que rige desde 1923 y volverlo presidencialista, decidió hacer política en Europa donde viven miles de sus compatriotas. Holanda, el primer destino de sus ministros para hacer campaña, no dudó en ponerle freno a sus pretensiones y prohibió las manifestaciones públicas. Más tardaron los Países Bajos en sentar su posición que el mandatario turco en romper relaciones diplomáticas y lanzar improperios contra toda la Comunidad.

Es el derecho que cree tener por los acuerdos con la UE para acoger a miles de refugiados que intentan pasar desde los países de Oriente Medio en conflicto. Un problema que Europa ha sido incapaz de resolver, que ha generado toda clase de conflictos en la región y del cual el Presidente turco no ha dudado en beneficiarse.

Erdogan además está aprovechando su acercamiento reciente con Valdimir Putin, un vecino que hasta hace pocos meses era un enconado enemigo por la protección que Rusia le otorga al régimen sirio. Los enfrentamientos llegaron a tal punto que incluyó el derribo a finales de 2015 de un avión ruso por invadir el territorio turco. Ya nadie habla de ese incidente porque lo importante es el acercamiento entre los gobernantes que antes eran enemigos.

Mientras todo ello ocurre, Estados Unidos guarda silencio. Turquía, que ha sido un aliado, al que ha apoyado contra la dictadura de Bashar Al-Assad y junto al cual sostuvo el enfrentamiento con Rusia por el apoyo al presidente sirio y por los ataques indiscriminados a las poblaciones tomadas por los rebeldes, que han dejado miles de muertos, ahora parece estar del otro lado.

La pelea que ha desatado Erdogan enfrenta a Europa con un problema que si bien es pequeño en cuanto al territorio que comparte con Turquía, en términos estratégicos significa un riesgo alto. Con el agravante de que su antiguo aliado ahora disfraza la confrontación con argumentos religiosos, califica la posición de la mayoría de países del Viejo Continente como una persecución al Islam y sus arengas exaltan los odios entre Occidente y el mundo musulmán.

Es otra crisis que a la Unión Europea le produce el Oriente Medio, mientras sus relaciones con Estados Unidos están a la espera de la posición crítica de Donald Trump frente a la Otan y el comercio bilateral.

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