Ordenamiento territorial

Ordenamiento territorial

Julio 03, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"...A través de su historia republicana, Colombia no ha podido resolver el conflicto de tener unas instituciones en las cuales esté presente el equilibrio entre el poder del Estado Central y los organismos de gobierno local y regional...".

“Centralización política y descentralización administrativa” fue la fórmula con la cual los legisladores de 1886 pretendieron armonizar la necesidad de tener una nación unida con la obligación de reconocer el poder regional y local para atender las necesidades de la provincia colombiana. Ahora, con la sanción a la Ley de Ordenamiento Territorial, el Congreso de 2011 toma una decisión tardía para desarrollar el mismo principio, consagrado en la Constitución de 1991. A través de su historia republicana, Colombia no ha podido resolver el conflicto de tener unas instituciones en las cuales esté presente el equilibrio entre el poder del Estado Central y los organismos de gobierno local y regional.Con argumentos muchas veces válidos, como la necesidad de acabar con el federalismo de la Constitución de 1853 antes que destruyera la unidad nacional, la tendencia ha sido la de mantener la concentración del poder en la capital de la República y debilitar la capacidad de decisión y de administración de la provincia.Así lo hicieron también los constituyentes de 1991. Sólo que, para evitar la crítica y apaciguar el reclamo de las regiones, establecieron un ordenamiento territorial que además de debilitar las funciones de los departamentos era casi imposible de desarrollar. En efecto sus contradicciones eran tan evidentes y su complejidad era de tales proporciones que en el Congreso se hundieron 20 intentos para reglamentarlo en igual número de años. Lo más paradójico consistía en que los legisladores son en su inmensa mayoría de la provincia, pese a lo cual no era posible lograr un consenso para darle mayor peso a los entes territoriales en el manejo de los recursos y de las decisiones nacionales. Como consecuencia, la inequidad ha sido la constante, y se refleja en la enorme distancia que existe entre el desarrollo de Bogotá y la indescriptible pobreza y el penoso abandono que padecen regiones como el Pacífico. A cambio de ese centralismo absorbente y nocivo, el Estado relajó los controles a la política local y regional, y, de paso, a las administraciones municipales y departamentales. Las consecuencias se ven en el Valle o en el manejo de las regalías petroleras y mineras; en Bogotá o en las decenas de municipios cuyos alcaldes debieron ser destituidos o enjuiciados por sus abusos.El pasado miércoles, el presidente Juan Manuel Santos sancionó la Ley de Ordenamiento Territorial. Al Gobierno debe reconocérsele el esfuerzo por sacar adelante una norma que debió haber sido aprobada hace dos décadas, ante su importancia para el funcionamiento del Estado en todo el territorio nacional. Pero, una revisión de la nueva ley deja grandes interrogantes sobre si lo aprobado alcanza para lograr la armonía entre el centro y la periferia colombiana. Y si es suficiente con crear más consejos consultivos sin capacidad de decisión, o autorizar uniones departamentales y áreas metropolitanas sin que ello conlleve una mayor descentralización en el gasto público, así se haya logrado aprobar la reforma a las regalías. Son esas algunas dudas que sólo el tiempo y la voluntad política del Gobierno y los legisladores se encargarán de despejar.

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