No más terrorismo

No más terrorismo

Febrero 27, 2018 - 11:55 p.m. Por: Editorial .

Una tregua. Aunque sea un anuncio o un compromiso solemne, siempre es seguida por un acto terrorista, cruel, despiadado e inútil.
Esa es la política eterna del que se hace llamar Ejército de Liberación Nacional. No bien se comprometió a cesar sus actos de violencia mientras pasaban las elecciones, al otro día estalló una carga explosiva en una carretera de la zona del Catatumbo que mató a cinco soldados y dejó heridos a otros diez.

Y es de esperarse que los autores del acto terrorista estén ya escondidos en Venezuela, donde el gobierno de Nicolás Maduro los protege de la persecución de las autoridades colombianas. De nuevo, aparecen las condenas y los ofrecimientos de recompensas por la información que lleve a la captura de los autores materiales e intelectuales de un crimen de lesa humanidad, el cual pudo haberse evitado si se actúa con cautela.

Sin duda, la polémica se producirá por la forma en que el convoy militar cayó en la trampa mortal, a la una de la mañana del pasado lunes y en una vía que atraviesa una de las zonas más peligrosas de Colombia. Allí confluyen el narcotráfico, la guerrilla, los intereses del régimen vecino y toda suerte de delincuentes, por lo cual se deberán producir explicaciones sobre las circunstancias que rodearon el sangriento hecho, causando un gran dolor a las familias de las víctimas y el rechazo unánime de la sociedad colombiana.

Horas antes de ese acto terrorista, el presidente Juan Manuel Santos había recibido con palabras esperanzadoras el gesto de los jefes del ELN con el cual anunciaban un ‘cese unilateral del fuego´, para no intervenir en las elecciones. Incluso, el Primer Mandatario habló de revivir las conversaciones, algo muy usual en quien se ha demostrado como un convencido de las soluciones negociadas. Ahora, lo ocurrido es una declaración de guerra, una acción que no puede ser ignorada y que debe llamar a una reacción mucho más allá de la condena a los autores y las condolencias a las víctimas y sus familiares.

De producirse, tal reacción no puede tomarse como una declaración de guerra, sino como la réplica al desafío del terrorismo con el cual pretenden doblegar la voluntad del país y sentar a sus autoridades a negociar en los términos que exija el ELN. Ella debe ser interpretada como la respuesta natural de la Fuerza Pública contra quienes han crecido su capacidad de daño y atacan sin escrúpulos a quien se atreva a pisar lo que consideran sus dominios.

Por supuesto, la primera víctima de esta oleada de terror será la credibilidad de la mesa de negociaciones instalada hace más de un año en Quito, con participación de la comunidad internacional y prorrogada sólo debido a la buena voluntad del Gobierno Nacional. Pero esa ambigüedad de hablar de paz mientras se hace terrorismo indiscriminado o se delinque con descaro, ya no puede continuar.

La paz no puede ser disculpa para atentar contra ninguna persona o para tratar de apaciguar a la opinión pública mientras se aplica el terrorismo. Y mucho menos el argumento para matar a mansalva a los soldados de Colombia.

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