No más espera

No más espera

Agosto 17, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"Lo que fue una propuesta para cambiar la estructura tributaria está pasando a ser una necesidad imperiosa para conjugar lo que puede ser un déficit fiscal de proporciones preocupantes, más de 39 billones de pesos, si no se actúa con rapidez para tratar de aumentar los ingresos del Estado".

Pocas veces en la historia de la Hacienda Pública, una reforma tributaria ha sido tan solicitada, tan debatida y tan esperada como la que está en ciernes. No obstante, la demora en presentarla hace pensar que hay otras prioridades, a pesar de la urgencia que tiene para empezar a conjurar la crisis fiscal producida por el final de la bonanza petrolera.Dos años llevan los especialistas debatiendo el contenido de los cambios que debe tener la iniciativa. Al principio se habló de una reforma estructural para resolver entre otros los problemas de la elusión, de la evasión, del efecto que tienen en la inversión privada los altos niveles de tributación que afecta a las empresas. Eran las épocas boyantes del erario, cuando vendíamos un millón de barriles del llamado oro negro a precios superiores a los cien dólares y el Gobierno podía gastar y cubrir con holgura la señalada regla fiscal que obliga a tener el déficit de las finanzas públicas por debajo del 3,3% del PIB. Ahora, las cosas son dramáticamente distintas. Debido a la caída en picada del petróleo, la comodidad se transformó en riesgo y puede estar llegando a la angustia. Además de los problemas ocasionados por la inflación y el consecuente incremento de la tasa de interés, la economía está sufriendo una desaceleración notoria, que se traduce en menos impuestos. Lo cual aumenta la angustia sobre la salud de las cuentas nacionales, que hasta ahora ha sido manejada mediante recortes enormes al gasto real, así se aprueben presupuestos anuales que no pueden cumplirse. Entonces, lo que fue una propuesta para cambiar la estructura tributaria está pasando a ser una necesidad imperiosa para conjugar lo que puede ser un déficit fiscal de proporciones preocupantes, más de 39 billones de pesos, si no se actúa con rapidez para tratar de aumentar los ingresos del Estado. Más aún cuando la bonanza aquella, que nos llevó al cómodo consumo de bienes importados y golpeó con saña a la industria y la producción nacional, se convirtió en una devaluación súbita que duplicó la deuda en pesos y limitó la capacidad del Estado para responder a sus servicios.Por eso, desde todas partes del espectro empresarial, político y económico, se pide que se presente la reforma tributaria, la que sea necesaria para detener la pérdida de confianza que ocasiona la ya inocultable debilidad financiera del Estado. No importa que de por medio esté el plebiscito sobre el acuerdo con las Farc: la economía, que aún tiene solidez y signos positivos, necesita para sostener la confianza el mensaje de que el país va a hacer el esfuerzo que se le está pidiendo para no caer en la incertidumbre.Ya se sabe que no es suficiente con recortar el Gasto, aunque el esfuerzo ha sido enorme. El Gobierno reconoce que, cumpliendo la regla fiscal, el déficit del 2017 debe bajar al 3,1% del PIB, y que el presupuesto presentado está desbalanceado. Y tanto el FMI como algunas calificadoras de riesgo han expresado inquietud sobre la salud de nuestras finanzas. Entonces, ¿qué más debe esperar el país para saber a qué atenerse en materia fiscal y tributaria?

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