Nada que celebrar

Nada que celebrar

Abril 12, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

El golpe de Estado fue producto de la reacción popular contra los embates del chavismo que avanzaba con firmeza en su intención de adueñarse de todo el Poder, incluyendo la petrolera Pdvsa, fuente de los ilimitados recursos públicos de Venezuela.

Con una tasa de 48 homicidios por cada diez mil habitantes, su presidente enfermo y una campaña electoral en plena marcha, Venezuela recordó ayer los 10 años del frustrado golpe de Estado contra Hugo Chávez. Ciertamente, nuestros vecinos tendrán mucho que lamentar y poco que celebrar. El golpe de Estado fue producto de la reacción popular contra los embates del chavismo que avanzaba con firmeza en su intención de adueñarse de todo el Poder, incluyendo la petrolera Pdvsa, fuente de los ilimitados recursos públicos de Venezuela. Una enorme marcha compuesta por más de un millón de personas que transitaba por el Centro de Caracas trató de llegar al Palacio de Miraflórez, siendo rechazada a plomo limpio por las fuerzas oficialistas. No hubo diálogos, ni intenciones de establecerlo para escuchar las razones de la protesta y tratar en lo posible de llegar a una solución que tuviera en cuenta la inconformidad. Diecinueve muertos y un numero desconocido de heridos fueron reportados entonces, lo que ocasionó la reacción de las mismas Fuerzas Armadas, desencadenado una sucesión de hechos que empezaron por la renuncia de Chávez, anunciada por su Ministro de Defensa, Lucas Rincón Romero y su internamiento en una guarnición militar. Lo que siguió fue un gran error porque, en vez de respetar los canales establecidos por la Constitución, un sector prefirió establecer un gobierno de facto y empezar a actuar con inocultables deseos de revancha, tomando decisiones que generaron la reacción popular y la reversa de los militares. Dos días después, el 13 de abril de 2002, Hugo Chávez fue restituido en su cargo, ahora como un héroe y mártir respaldado por lo que el expresidente Gustavo Rojas Pinilla, también impuesto por un golpe militar en 1953, denominó entonces el ‘binomio pueblo- fuerzas armadas’.Ese intento fracasó, llevándose de paso la posibilidad de limitar el autoritarismo de Chávez y su revolución bolivariana. Lo que siguió en adelante fue la consolidación de un régimen basado en la división de la sociedad venezolana, la radicalización política, la toma de los poderes públicos y la persecución velada o abierta contra la libre empresa y la diferencia de opiniones, elementos sustanciales a cualquier sistema de gobierno que se reconozca como democrático. Durante todo este tiempo, la escasez de alimentos y el marchitamiento de la iniciativa privada han avanzado de la mano del populismo y el abuso de un régimen financiado por la bonanza más grande y más prolongada del petróleo. Y dirigida por una pretendida revolución socialista que, apoyada de manera descarada por el castrismo de Cuba, dilapida los recursos en una abrumadora mezcla de corrupción y violencia, donde es notoria la presencia de las Farc, el ELN y el narcotráfico.Por eso, Venezuela no tiene nada que celebrar. Y mientras avanza su campaña política encabezada por un Chávez gravemente enfermo y en plan de reelección a como de lugar, la oposición se reúne alrededor de Henrique Capriles, joven dirigente que pretende convertirse en la alternativa de cambio que rescate a su Nación del desastre en que la sumió la llamada boliburguesía.

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