Nada cambia

Nada cambia

Abril 18, 2018 - 11:55 p.m. Por: Editorial .

Hoy se posesionará en La Habana el primer presidente de Cuba desde 1976 que no tiene el apellido Castro. Miguel Díaz-Canel se llama quien comienza también el relevo generacional de la dictadura más antigua de América.

No hay nada sorprendente en ese cambio. En primer lugar, porque es el elegido de su antecesor Raúl Castro Ruz, a su vez heredero de su hermano Fidel. Y después, porque su carrera sólo muestra la obediencia y el cumplimiento de todos los cánones que le impusieron desde el momento en que, en 1987 fue designado primer secretario de la Unión de Jóvenes Comunistas en Villa Clara, su ciudad natal.

Su ascenso ha sido consistente con su estilo callado y poco amigo de las audacias. Ello le ha llevado a ser vicepresidente del Consejo de Estado, el máximo órgano del régimen después de Castro y “la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado”. Hasta ahora ha sido vicepresidente de Raúl y su más osada declaración consiste en afirmar que es amigo del “socialismo próspero y sustentable”.

Así, pocos cambios pueden esperarse de quien, además, será vigilado por lo menos hasta el 2021 por su mecenas, desde la secretaría del Partido Comunista que todo lo puede, incluido el cambiar el presidente de Cuba.
Díaz-Canel nació en 1960, lo que significa que será el primer presidente nacido bajo la revolución que implantó el comunismo en Cuba. Esa característica haría esperar que se presente un cambio para mejorar el nivel de vida de una nación que en los últimos cincuenta y nueve años ha sido paradigma de privaciones, de escasez y de represión a cualquier cosa que huela a inconformismo con la dictadura castrista.

Salvo sorpresas de aquellas que siempre se presentan, quizás pueda esperarse que continúe en forma lenta la apertura hacia una economía de mercado obligada por la crisis económica crónica. También existe la posibilidad de profundizar las relaciones que alcanzó a establecer el camarada Raúl con los Estados Unidos en las épocas de Barack Obama, aunque es claro que Donald Trump no quiere saber de aquello.

Seiscientos cuatro diputados, la totalidad de la Asamblea Nacional y todos pertenecientes al partido único, el comunista, acataron ayer la orden dictada por Raúl Castro de designar a Díaz-Canel como presidente por los próximos cinco años, que pueden prorrogarse. Los fieles a esa clase de regímenes, donde una pequeña facción decide el destino y la vida de millones de personas, dirán que esa es una nueva demostración de la democracia y de las libertades que defendió con su vida José Martí.

Sin embargo, lo único previsible es que Cuba seguirá igual, con las mismas carencias, obligando a sus ciudadanos a emigrar para encontrar oportunidades y prisionera de un régimen totalitario, absolutista e intransigente. Como se dice, “todo cambia para que nada cambie”.

Salvo, claro está, que el nuevo presidente se arriesgue a romper con el pasado, se imponga a su mentor, el secretario Raúl Castro, y sea capaz de pasar por encima de ‘El Exilio’ que en Estados Unidos clama por la venganza. Para ello tendrá que ganarse la voluntad de los cubanos.

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