Los primeros pasos

Septiembre 09, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

Preocupa que aún no se conoce en su totalidad la delegación que representará a las Farc, pese a que han transcurrido varios meses de conversaciones. Más aún cuando dentro de los nombres anunciados, los voceros de la guerrilla han incluido a ‘Simón Trinidad’ y ‘Sonia’, quienes fueron juzgados y sentenciados en los Estados Unidos por secuestro y narcotráfico.

A la espera de que se instale en Oslo la mesa de negociación con las Farc, el contraste entre la delegación designada por el presidente Juan Manuel Santos y los gestos de la guerrilla empiezan a hacer visibles las diferencias que hacen pensar sobre el futuro del proceso. Aunque el diálogo aún no se inicia y los comunicados del Gobierno dan a entender que ésta iniciativa será diferente a las anteriores, la postura de su contraparte parece demostrar que poco ha cambiado en sus posiciones. Por parte del presidente Santos, el mensaje ha sido claro: el objetivo es buscar la paz y negociar sobre los temas que están en el origen del conflicto. Las personas designadas por él como negociadores generan confianza: además de guerreros nobles y leales a la Constitución, los generales Jorge Enrique Mora y Óscar Naranjo son prenda de garantía de los intereses nacionales. De otra parte, la representatividad del presidente de la Asociación Nacional de Industriales, Luis Carlos Villegas, así como la experiencia del resto del equipo son señales que tranquilizan. Del otro lado, las cosas son muy distintas. Preocupa que aún no se conoce en su totalidad la delegación que representará a las Farc, pese a que han transcurrido varios meses de conversaciones. Más aún cuando dentro de los nombres anunciados, los voceros de la guerrilla han incluido a ‘Simón Trinidad’ y ‘Sonia’, quienes fueron juzgados y sentenciados en los Estados Unidos por secuestro y narcotráfico. Además de improvisación, el mensaje allí implícito conduce a pensar en que el interés parece ser más el de causar fenómenos propagandísticos que realizar un diálogo hacia la paz.Y están las declaraciones de inocencia de las Farc ante el narcotráfico, el secuestro y las violaciones de derechos humanos que se generan en sus actos terroristas. Nadie en sus cinco sentidos puede ignorar el reclamo de familias y entidades para que sean devueltos a la libertad las personas que llevan años en manos de la guerrilla y por quienes, en muchos casos debidamente comprobados, fueron pagadas grandes sumas de dinero. Por eso fue enorme el rechazo a las declaraciones según las cuales ni tiene secuestrados ni saben de cientos de desaparecidos en su poder.Con la divulgación de esas dos posiciones se inició entonces el camino hacia el diálogo que se instalará en Oslo, Noruega, y continuará por algunos meses en La Habana. Rumores hablan de que ya hay muchas cosas acordadas, y que el Gobierno se apresta a impulsar la expedición de las Leyes que complementarán el llamado Marco para la Paz, la iniciativa que debe permitir la eventual desmovilización del grupo guerrillero y su incorporación a la sociedad. Mientras eso ocurre, la Nación sigue a la expectativa, entre su deseo de que se produzca el acuerdo que terminará el conflicto con las Farc y su escepticismo y desconfianza ante las verdaderas intenciones de un grupo acostumbrado al terror y la amenaza. Pero el camino está abierto. Es de esperar que las dudas originadas por las primeras declaraciones no terminen por frustrar el último esfuerzo por encontrar la solución sensata y negociada a un irracional y destructor conflicto.

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