Los nuevos zares

Enero 06, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"El problema de nacionalidades o autonomías en Rusia es una herencia del zarismo, que no fue resuelto durante la larga dictadura stalinista. Esta prefirió profundizar la opresión para beneficio de la Rusia Blanca, argumentando que el internacionalismo proletario era más importante que las soberanías nacionales, y convirtiendo a los pueblos rusificados en hermanos menores de los rusos con uso indiscriminado de la fuerza".

Al menos 14 personas murieron este lunes en una explosión registrada en la ciudad de Volgogrado, en el sur de Rusia, sólo un día después de que otras 17 fallecieran en un estallido provocado por un atacante suicida en la estación de trenes de la misma localidad.Esta ciudad, antigua Stalingrado, se encuentra en el Cáucaso Norte, una conflictiva región colindante con varias repúblicas exsoviéticas de población islámica que, pese a su soberanía formal, aún siguen siendo sojuzgadas por el gobierno de Moscú. Esta es una herencia de la expansión de Rusia hacia el Cáucaso como producto de los afanes de la dinastía de los Zares por convertir a su país en un gran imperio.Por allí cerca se encuentra Kirguistán, que vive una realidad donde predominan las drogas, enfrentamientos étnicos y conflictos políticos que se sitúan en el centro de la violencia que se vive en la pequeña república exsoviética. Las ciudades de Osh y Jalalabad, al sur, han sido los principales escenarios del conflicto.La violencia se manifiesta recurrentemente con varias tiendas y cafés quemados, mientras los tiroteos se escuchan en los barrios populares. Aunque las autoridades rusas manifiesten que los sucesos de Volgogrado son actos terroristas para sabotear los juegos Olímpicos de Invierno y el presidente Vladimir Putin prometa que acabará con todos los terroristas, la verdad es que tras estas manifestaciones violentas se encuentra el antiguo malestar producido por la ‘rusificación’ de territorios y comunidades que poco o nada tienen que ver con la nación rusa.El problema de nacionalidades o autonomías en Rusia es una herencia del zarismo, que no fue resuelto durante la larga dictadura stalinista. Esta prefirió profundizar la opresión para beneficio de la Rusia Blanca, argumentando que el internacionalismo proletario era más importante que las soberanías nacionales, y convirtiendo a los pueblos rusificados en hermanos menores de los rusos con uso indiscriminado de la fuerza.Con la caída de la dictadura soviética, el problema de las nacionalidades en Rusia volvió al primer plano. Muy pronto, en diversas partes surgieron nuevas repúblicas. En el mar Báltico Estonia, Lituania y Letonia; en el Asia central Kazajistán, Kirguistán, Uzbekistán, Tayikistán y Turkmenistán; en el Cáucaso Georgia, Armenia y Azerbayán; y, en Europa Oriental Bielorrusia, Ucrania y Moldavia. En todos estos países hay viejos conflictos con los rusos y una constante refriega por adquirir derechos plenos de soberanía.Pero Vladimir Putin y su gobierno, henchidos de nacionalismo ruso, pretenden mantener la tutela sobre estas naciones tal como lo hicieron los antiguos zares, pues él también sueña con una Rusia Imperial. Y sus métodos no difieren de los empleados por Stalin, como se ha manifestado en las elecciones de Bielorrusia o en las protestas de Ucrania. Todo opositor es un delincuente, o un criminal que debe ser eliminado.A Putin se le olvidó, o no conoce, una sentencia que explica la tragedia de Rusia: “Un pueblo que impone la felicidad a otros pueblos, se labra sus propias cadenas”.

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