Los niños trabajadores

Junio 09, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

Cuando un menor de edad trabaja se disminuye la asistencia a las aulas y aumenta la deserción escolar. Ahí empieza a romperse ese eslabón esencial de la cadena social que permite formar comunidades más sanas y productivas a futuro. Entonces se fomenta la pobreza, que siempre va de la mano con la inequidad.

En un país como Colombia donde la mitad de la población vive en condiciones de pobreza o extrema pobreza y en el que están limitadas las oportunidades de desarrollo económico y social, las probabilidades de erradicar el trabajo infantil son mínimas. Eso no significa que el Estado claudique en su obligación de proteger a los niños y evitar que sean explotados laboralmente. Su deber es, ante todo, garantizarles los derechos para que reciban educación, vivan en un ambiente sano y puedan construir el futuro que se merecen.Con el Día Mundial contra el Trabajo Infantil, que se celebra el próximo martes, se reviven las reflexiones sobre un problema social que si bien disminuye en la medida en que los gobiernos adoptan políticas públicas dirigidas a la niñez y la sociedad se concientiza más sobre la responsabilidad que tiene hacia su población más joven, continúa afectando especialmente a los países en vías de desarrollo. En el mundo hay 280 millones de niños trabajadores según Naciones Unidas. De ellos un millón ochocientos mil están en Colombia y 42.000 son caleños.Que un menor de edad trabaje no debería ser el motivo principal de la discusión. Sí lo es el que sea utilizado por su condición, que cada vez más niños empiecen a laborar antes de los 5 años y que se les prive de derechos fundamentales como el acceso a la educación, a la recreación y se les niegue la oportunidad de crecer de acuerdo con su desarrollo físico, mental y emocional. Las últimas encuestas revelan que el 60% de los trabajadores infantiles en el país no se ganan ni la mitad de un salario mínimo y al 30% le pagan en especies. Las labores agrícolas y domésticas son las más frecuentes y a las que les dedican entre 15 y 30 horas semanales. Es la explotación de una población que se encuentra en situación de vulnerabilidad y no puede defender sus derechos.Pero el dato que despierta mayor preocupación es que el 20% de estos niños abandonan sus estudios o están por fuera del sistema formal de educación. Cuando un menor de edad trabaja se disminuye la asistencia a las aulas y aumenta la deserción escolar. Ahí empieza a romperse ese eslabón esencial de la cadena social que permite formar comunidades más sanas y productivas a futuro. Entonces se fomenta la pobreza, que siempre va de la mano con la inequidad.Para disminuir los índices de trabajo infantil se requiere voluntad. Colombia ha desarrollado políticas públicas que, al menos en el papel, ayudarán antes del 2019 a reducir del 11% al 2,9% el número de menores de edad que laboran en el país. Se ha comprometido a alcaldes y gobernadores en la creación de programas locales que permitan la restitución de sus derechos; se comenzó un censo de identificación que ha registrado a 225.000 niños y adolescentes trabajadores en todo el país y se crearon las Jornadas Escolares Complementarias para ayudarlos a ocupar mejor su tiempo. Todo sirve en el propósito. Pero además de hacer cumplir las leyes que protegen a los menores, se necesita un cambio cultural y social para que se entienda que el trabajo debe ser cosas de adultos y los niños no pueden ser vistos como proveedores ni fuentes de ingreso familiar.

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