Los extremos de las regalías

Octubre 27, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"Son pues dos puntos entre los cuales se debate la inversión de las regalías en la provincia colombiana. Por supuesto, el cuidado en su manejo debe ser extremo para evitar el mal uso de unos recursos que deben financiar progreso y no beneficios particulares. Pero debería existir la manera de evitar que el centralismo sea también su otro enemigo".

Entre la amenaza de la corrupción que trata de apoderarse de ellos y anula su función social, y la exigencia de requisitos que impiden su desembolso. Así está el manejo de las regalías en Colombia, algo que en su momento se dijo era la posibilidad de financiar el desarrollo de la provincia.El Sistema Nacional de Regalías fue creado por la ley 1530 de 2012, como instrumento para repartir en todo el país la bonanza más importante en los ingresos públicos generados por la explotación de los recursos mineros. Fue la ‘Mermelada’ que debería regarse en todo el pan, según la descripción del entonces ministro de Hacienda, Juan Carlos Echeverry. Es decir, en toda la Nación, evitando la concentración que tenía como beneficiarios casi exclusivos a los municipios y departamentos productores de petróleo, carbón y otros minerales.Para garantizar su buen uso se creó un complejo sistema de organismos locales, regionales y nacionales, que, encabezados por los llamados Órganos Colegiados de Administración y Decisión, Ocad, deberían servir para asegurar que los proyectos presentados por las administraciones locales y regionales fueran pertinentes y útiles, y se manejaran con transparencia y criterios técnicos que evitaran la politiquería, el despilfarro y el desfalco.Cuatro años después la ejecución de muchos de sus proyectos es ya un dolor de cabeza. A pesar de los mecanismos establecidos para asegurar el uso correcto de las regalías, más de doscientos proyectos están en la mira de las autoridades y de los organismos de control, por cifras que superan el billón de pesos. Según Planeación Nacional, eso es producto de deficiencias en las auditorías e interventorías, lo que hace extremar las precauciones, retrasa las inversiones y pone en tela de juicio la capacidad de los entes territoriales en la utilización de esas regalías. El otro aspecto es la tramitomanía que afecta la realización de las iniciativas. Según lo expresó la Gobernadora del Valle en el foro Exporegalías 2016 dirigido a los alcaldes del Valle, muchos de los proyectos son detenidos por del Departamento de Planeación Nacional por “minucias”, lo cual afecta desde la Gobernación que tiene los recursos técnicos suficientes hasta los municipios que carecen de esos recursos, aunque tienn el apoyo del ente regional.Es el otro extremo, el del centralismo que impide cumplir con el objetivo del Sistema General de Participaciones. En su momento, la ley creó un ahorro obligado de esos recursos, que hoy supera los 10 billones de pesos. Esos son los que ahora se están solicitando mediante la figura del “desahorro” establecido en la norma que dio origen al sistema. Pero encuentran de nuevo las mismas dificultades que han impedido la realización de proyectos aprobados.Son pues dos puntos entre los cuales se debate la inversión de las regalías en la provincia colombiana. Por supuesto, el cuidado en su manejo debe ser extremo para evitar el mal uso de unos recursos que deben financiar progreso y no beneficios particulares. Pero debería existir la manera de evitar que el centralismo sea también su otro enemigo.

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