Los Estados fallidos

Enero 13, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

Esta ciudad ha sido bastión de ‘Los Caballeros Templarios’ grupo de narcotraficantes que se ha ensañado con la población local y que ha generado un sentimiento tal de rechazo que llevó al surgimiento de grupos de autodefensa.

El pasado viernes, un grupo de desconocidos incendió oficinas de la alcaldía de Apatzingán, la tercera ciudad más importante de Michoacán. El ataque ocurrió después del incendio a tiendas comerciales y automóviles, así como el bloqueo del acceso a la población.Esta ciudad ha sido bastión de ‘Los Caballeros Templarios’ grupo de narcotraficantes que se ha ensañado con la población local y que ha generado un sentimiento tal de rechazo que llevó al surgimiento de grupos de autodefensa. No hace mucho, éstas trataron de tomarse Apatzingán, pero el ejército las desarmó y en su entrada a la población fueron recibidas a balazos.Mientras tanto el Procurador General pide “tiempo” para entender el fenómeno, cuando es evidente que será difícil que en los próximos días o meses puedan aceptar que las autodefensas surgieron por la ineptitud y connivencia del gobierno en todos sus niveles con el crimen organizado, su participación en la corrupción y el abandono de las poblaciones. Es la retórica oficial enfrentada a una realidad aterradora, donde las instituciones democráticas son desbordadas por la necesidad de garantizar los derechos ciudadanos, dando paso a la temible justicia por mano propia.La verdad es que esos grupos surgieron públicamente hace ya casi un año, cuando la gente se rebeló contra las organizaciones que se tomaron sus ciudades, pueblos y trabajos, mientras las autoridades se hacían las de la vista gorda. Así, de los 110 ayuntamientos de Michoacán, unos 40 tienen autodefensas. Tan grave es el asunto que el Estado se moviliza ahora para tratar de contener un movimiento que si bien los dirigentes gubernamentales reconocen como justo ante la amenaza que atacan, también califican de ilegal. Con lo cual se llega a la paradoja de tener que usar la fuerza legítima para proteger de la reacción social a los criminales.Como ocurrió en Colombia, movimientos de ese tipo son la consecuencia del Estado que no asume su responsabilidad de defender a la sociedad como le ordenan las leyes. Es la respuesta civil contra la violencia procedente, en el caso mexicano, de los grupos de bandas criminales, y ante la constatación de la incapacidad de una organización creada para garantizar la paz de los asociados pero incapaz cumplir con su obligación de resguardar la vida, honra y bienes de los ciudadanos. Es la falla del Estado lo que genera estos fenómenos, y no un particular “espíritu violento” de la comunidad. Los Estados fallidos, que empiezan cuando la criminalidad se convierte en parte de la vida diaria, generan la justicia privada, abriendo el camino para una espiral de violencia que nunca llega a un buen final, como ha sucedido en nuestro país. Para el investigador mexicano Eduardo Buscaglia, “ese proceso  de paramilitarismo se ha venido multiplicando porque el Estado colapsó. La Policía municipal trabaja para los Zetas, el pueblo vecino  para el cartel de Sinaloa, los fiscales le responden a empresarios más que al pueblo. El Estado fragmenta y comienzan a tomar el poder actores no estatales”. México cuenta con la experiencia Colombiana para evitar males mayores.

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