Liderazgo y grandeza

Noviembre 24, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

Así se llega al final del proceso de negociación. Sin embargo, queda claro que el país está experimentando una división profunda y preocupante, a la cual contribuyen el afán de descalificación y los intentos por desinformar sobre la realidad. Es allí donde se requiere una dosis de grandeza y liderazgo muy superior a la que se necesitaba para construir el consenso nacional alrededor del acuerdo.

Luego de siete semanas, hoy se firma en Bogotá el documento que contiene el nuevo acuerdo para dar por terminado el conflicto con las Farc. Y empieza otra etapa, la de su refrendación como lo establecieron los delegados del Gobierno y del movimiento guerrillero, y a la vez el inicio de su desarrollo o implementación.El nuevo acuerdo fue el resultado de la negativa que expresó la mayoría de la votación en el plebiscito del pasado dos de octubre. Según sus autores, allí se consignaron gran parte de las objeciones y recomendaciones que hicieron los que el Gobierno Nacional consideró como voceros del No, por lo que ya no hay más espacio para nuevas negociaciones. Más aún, cuando se habla de la fragilidad en que según las autoridades se encuentra el cese el fuego bilateral y de la necesidad de avanzar para evitar consecuencias peligrosas para la tranquilidad del país.Al otro lado están casi todos los que actuaron como voceros del No, quienes consideran que en el documento que será firmado por el presidente Santos y el jefe máximo de las Farc en el Teatro Colón de la Capital de la República no están contempladas las objeciones de fondo que presentaron. Ellos consideran necesario ampliar el debate y buscar más reformas, lo que fue descartado por el Primer Mandatario y los negociadores de ambas partes.Sin entrar en análisis del contenido, debe afirmarse entonces que el Gobierno decidió que ese era el acuerdo definitivo. Así lo expresó el presidente Santos en su alocución del pasado martes. Y como quiera que la ratificación popular es apenas el fruto de un acuerdo y no una obligación legal, lo que corresponde es proceder a la implementación, haciendo claridad que el paso denominado refrendación por el Congreso será un debate de control político sin valor jurídico.Es decir, la atribución seguirá siendo del Presidente, como lo establece la Constitución, sin que el Congreso tenga facultades para aprobar o improbar el acuerdo con éste o cualquier grupo insurgente. Y al Legislativo le corresponderá atender las reformas y las iniciativas para desarrollar lo acordado, aplicando las normas constitucionales y legales existentes, salvo que se revivan los procedimientos establecidos en el Acto Legislativo por la paz. Eso solo será posible si la Corte Constitucional así lo permite en la revisión a ese Acto.Así se llega al final del proceso de negociación. Sin embargo, queda claro que el país está experimentando una división profunda y preocupante, a la cual contribuyen el afán de descalificación y los intentos por desinformar sobre la realidad. Es allí donde se requiere una dosis de grandeza y liderazgo muy superior a la que se necesitaba para construir el consenso nacional alrededor del acuerdo.Esa grandeza y ese liderazgo serán necesarios para adelantar un debate democrático y transparente sobre lo que se producirá en adelante. Encabezados por el Gobierno Nacional, los esfuerzos deben llevar a asegurar ante todo la paz entre todos los colombianos. Y a impedir que el país termine irremediablemente dividido y enfrentado por la negociación con las Farc.

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