Lección en El Salvador

Lección en El Salvador

Agosto 24, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

La debilidad del Estado y la pobreza sirvieron de caldo de cultivo a inmigrantes deportados de Estados Unidos que trajeron una cultura urbana de poder callejero, edificado sobre el negocio de las drogas y la ilegalidad.

El Salvador va camino a convertirse en el país más peligroso del mundo. Las 91 muertes violentas por cada 100 mil habitantes, en una población de algo más de seis millones de habitantes, ponen en entredicho la estabilidad de sus instituciones.Los salvadoreños consideran que, como desde que en 1992 terminó la guerra civil, su nación corre el riesgo de caer en una nueva confrontación armada. Por supuesto, de características muy diferentes a la de entonces, pero no menos letal a aquella que dejó 75 mil muertos y millares de desaparecidos, heridos, desplazados y refugiados.Hoy se puede decir que ese nuevo conflicto tiene otra faceta, pero ya está presente. En apenas 72 horas, de domingo a martes de la semana pasada, las autoridades registraron 125 homicidios, una de las jornadas más largas y sangrientas en la historia nacional.Las ‘maras’ encabezan esa máquina de crimen y muerte. Son bandas criminales que aparecieron en escena, cual nuevo eslabón de violencia, tras la firma de la paz con las guerrillas izquierdistas. La debilidad del Estado y la pobreza sirvieron de caldo de cultivo a inmigrantes deportados de Estados Unidos que trajeron una cultura urbana de poder callejero, edificado sobre el negocio de las drogas y la ilegalidad. Se calcula que ese fenómeno cobija en la actualidad a unos 70 mil integrantes de esas bandas, más unas 280 mil personas que les sirven de apoyo.Y los intentos de los sucesivos gobiernos por golpearlas o disuadirlas han fracasado. La tregua a medias que pactó con ellas el gobierno del expresidente Mauricio Funes en 2012 y que en enero pasado rompió su sucesor y copartidario, el exguerrillero Salvador Sánchez Cerén, por considerarla “ilegal”, agudizó la confrontación. Por ahora, el recrudecimiento de los ataques contra autoridades y ciudadanos encuentra una respuesta insuficiente de Policía y Ejército.Nadie sabe hasta dónde podrán llegar ‘maras’ como la ‘Salvatrucha’ o la ‘Barrio 18’ en su decisión de enfrentar al Estado. Pero de lo que no cabe duda es de que, aparte de las cifras de homicidios, la economía siente el golpe de ellas: uno de cada cuatro negocios ya registra el impacto de ese tipo de bandas.Las posibilidades de una nueva negociación están rotas, tras acuerdos en los que el Estado salvadoreño entregó mucho a cambio de nada. Los detenidos jefes de las ‘maras’, que comenzaron pagando penas en cárceles de alta seguridad, como estaba convenido, dieron la orden de reactivar el fuego una vez se les negó la petición de pasar a penales más laxos. Y como las armas que consiguen en el variado y muy activo mercado negro de Centroamérica están a su disposición, hoy muestran un poderío que costará vencer.En el fondo, lo que vive El Salvador no es otra cosa que la debilidad de un Estado, incapaz de llevar las riendas de los efectos de procesos de paz y treguas en que incursionó, primero con la guerrilla y luego con las ‘maras’. Siempre sin diferenciar entre lo que es un pos acuerdo y lo que, en sí, es el posconflicto. Una lección que no sobra tener en cuenta en medio de los vientos que corren en Colombia.

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