Las formas del totalitarismo

Agosto 28, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"Donald Trump puede ser un personaje folclórico, y sus reacciones, estrategias electorales. Pero sus ataques a los periodistas y la persecución que anuncia contra los inmigrantes son mensajes de que la intolerancia puede llegar al solio desde el cual Abraham Lincoln dio lecciones de tolerancia".

La forma en que fue expulsado el periodista Jorge Ramos de una conferencia de prensa ofrecida por el precandidato republicano a la Presidencia de los Estados Unidos, Donald Trump, no es un hecho anecdótico dentro de una campaña política. Es, ante todo, el asomo de lo que puede ocurrir si el Gobierno de la nación más poderosa del mundo es asumido por el radicalismo y la discriminación racial. Jorge Ramos es el reportero más conocido en la comunidad hispanoparlante, además de ser ciudadano de ese país. Su origen mexicano no ha sido obstáculo para desarrollar su carrera, por el contrario, su profesionalismo lo ha llevado a ser uno de los periodistas de más audiencia y respetabilidad en toda América. Desde su columna en el New York Times que es difundida por varios diarios del continente entre los cuales está El País, el hoy director de noticias en la cadena Univisión se ha convertido en el vocero de las minorías latinoamericanas del país norteamericano. El pasado miércoles, Ramos fue expulsado de una rueda de prensa en el estado de Iowa, no bien inició su pregunta sobre las propuestas del precandidato republicano frente a la inmigración ilegal. Con gestos desencajados y en forma amenazante, Trump trató de silenciar a un periodista que es símbolo de la llamada comunidad latina. Fue una demostración de arrogancia que debió ser enmendada ante la reacción que produjo entre los asistentes a la rueda de prensa.Y ocurrió lo que se esperaba. Ante las preguntas sobre si utilizaría el Ejército de los Estados Unidos para confinar a los inmigrantes y luego expulsarlos, Trump no dudó en ratificarlo, agregando alguno de sus más ofensivos comentarios. Repitió así la estrategia que aplicó contra una periodista que en el debate con los candidatos republicanos le hizo una pregunta que no fue de su agrado: la intolerancia y la agresividad. Lo paradójico es que el insufrible magnate mantiene el favoritismo del partido al cual pertenece, lo cual manda un mensaje difícil de entender. ¿Será que el radicalismo que encarna el pintoresco aspirante está ganado adeptos, llegando a aceptar sus propuestas de tono fascista? La otra preocupación es si la sociedad estadounidense, caracterizada por el respeto a las libertades, está dispuesta a aceptar que la segregación racial se imponga de nuevo a su país. Es claro que la campaña para elegir el próximo presidente de los Estados Unidos apenas empieza. Pero lo que ha aparecido hasta ahora es la peor expresión de los radicalismos. Que no son nuevos, si se tiene en cuenta la influencia del ‘tea party’, fracción basada en posiciones extremas que obstaculizan la aprobación del estatuto que permitirá legalizar la situación de once millones de personas que trabajan y aportan a esa sociedad.Donald Trump puede ser un personaje folclórico, y sus reacciones, estrategias electorales. Pero sus ataques a los periodistas y la persecución que anuncia contra los inmigrantes son mensajes de que la intolerancia puede llegar al solio desde el cual Abraham Lincoln dio lecciones de tolerancia.

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