La yihad europea

Abril 13, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

El reciente golpe a una célula de la yihad global en Cataluña es, a la vez, una excelente noticia y un toque de alerta para el mundo. Las autoridades locales desarticularon una banda terrorista compuesta por personas que, tal y como lo indican las evidencias encontradas en esa región del norte de España, pretendían ejecutar a una víctima previamente seleccionada y luego divulgar el crimen en las redes sociales, práctica común del Estado Islámico, EI.

El reciente golpe a una célula de la yihad global en Cataluña es, a la vez, una excelente noticia y un toque de alerta para el mundo. Las autoridades locales desarticularon una banda terrorista compuesta por personas que, tal y como lo indican las evidencias encontradas en esa región del norte de España, pretendían ejecutar a una víctima previamente seleccionada y luego divulgar el crimen en las redes sociales, práctica común del Estado Islámico, EI. El hecho resulta de menor relevancia que la dolorosa masacre ejecutada en Semana Santa por miembros de la milicia de Al Shabab en la Universidad de Garissa, en Kenya, donde 148 personas, casi todas estudiantes, fueron previamente identificadas por sus verdugos como cristianas, antes de proceder a acribillarlas. O que el asalto en Paris, en enero pasado, a la redacción de la revista Charlie Hebdo que dejó catorce muertos, la mayoría de ellos dibujantes y periodistas de esa publicación.¿Qué tiene entonces en particular la detección de un plan criminal por parte de la policía de Cataluña? Que entre los capturados hay cuatro ciudadanos nacidos en España, además de una de nacionalidad paraguaya y otro suramericano, brasileño de nacimiento, capturado semanas atrás en Bulgaria cuando se disponía a viajar a Siria e Iraq para incorporarse al EI.Mientras España trata se asimilar la noticia, está claro que esos hombres que ahora pasarán a manos de los jueces no son la excepción de un problema que tiene sorprendidos a los propios europeos. Crece el número de personas nativas que han decidido vincularse a la yihad extremista. Los cálculos más conservadores hablan de unos 500 yihadistas británicos, cerca de 700 de origen francés y otros 500 belgas. Y eso que faltan datos de otras nacionalidades.La explicación de este fenómeno, con el que Occidente se ve obligado a convivir por cuanto se camufla e intenta golpear desde su propio seno, tiene diversas interpretaciones. La más común, una identidad con el fundamentalismo de movimientos políticos y religiosos empeñados en responder con terribles golpes de mano a todo aquello que interpretan como parte del intervencionismo de Estados Unidos en sus regiones o que suponga alianzas de cualquier tipo con la gran potencia. El odio, la búsqueda de protagonismo y el seudoheroísmo terminan por insuflar ese espíritu de muerte. Y si a eso se suma las dificultades económicas del Viejo Continente, el terreno parece fértil para quienes reclutan nuevos cuadros en las redes sociales.Por eso, el caso de Barcelona deja muchas preguntas. La más preocupante: ¿cómo detectar entre vecinos comunes y corrientes a aquellos que esconden su intención de imponer a sangre y fuego sus creencias? El papel de la inteligencia es clave, pero no menos un solo frente de todas las naciones para afrontar esa creciente amenaza.Y, claro está, la colaboración ciudadana, comenzando por la de esa inmensa población del Islam que no comparte la demencial lectura que del Corán hace esa máquina de muerte, el EI, que no representa a cultura o religión alguna, sino a lo que es, barbarie pura.

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