La voz de Francisco

La voz de Francisco

Marzo 28, 2018 - 11:55 p.m. Por: Editorial .

“Esta imagen tiene un fuerte valor simbólico y espiritual. Al mirarla, contemplamos no solo lo que ocurrió aquel día, sino también tanto dolor, tanta muerte, tantas vidas rotas y tanta sangre derramada en Colombia”.

Esta oración, pronunciada por un papa Francisco visiblemente impresionado, bien podría ser un tratado sobre la historia contemporánea de nuestro país. La pronunció en Villavicencio, hace ya más de seis meses, ante el Cristo Negro de Bojayá, la estampa más concreta que el Pontífice pudo encontrar de la violencia de la que han sido víctimas millones de compatriotas a lo largo de décadas.

Por eso hoy, cuando el mundo católico se adentra en la reflexión propia de la conmemoración de la Semana Santa, vale la pena recordar el llamado a la reconciliación que el Santo Padre promulgó en Colombia y en otra veintena de naciones en la que también ha hecho presencia a lo largo de los cinco años de papado que cumplió este mes.

Porque, resultado de ser el primer latino escogido como Jefe de Estado del Vaticano, Jorge Mario Bergoglio ha aprovechado su estilo desparpajado y coloquial para llevar a distintos rincones del planeta un mensaje de cercanía y de fraternidad que sobrepasa la ideología religiosa porque justamente parte del respeto a la diferencia.

De la mano de esa estrategia logró, por ejemplo, que los antagonismos históricos entre Estados Unidos y Cuba le dieran paso a los intereses comunes, y que el fundamentalista Estado Islámico se abstuviera de cumplir sus amenazas cuando Francisco llegó hasta el corazón de Turquía a promover el diálogo ecuménico.

Y fue la misma táctica que desplegó en septiembre pasado, cuando vino al país, para tratar de convencer a los colombianos de la necesidad de construir una cultura del encuentro en la que prevalezcan las necesidades colectivas sobre las particulares, como única vía posible para garantizar un futuro digno para toda la población, lejos de la desigualdad, la falta de oportunidades y, por supuesto, la violencia.

Una táctica que sin duda estuvo revestida de una euforia que rebasó los límites del catolicismo y se apoderó de jóvenes, adultos, ancianos, hombres y mujeres que en multitudes se volcaron a todos los lugares donde el Papa hizo presencia, con enormes muestras de cariño que él supo responder con gestos de alegría y bondad.

En medio del recogimiento de los llamados días santos, vale la pena interrogarse por los frutos de ese urgente llamado a dejar atrás el odio, el rencor y el deseo de venganza para poder avanzar hacia una sociedad basada en la justicia, la verdad y la equidad social, boletos válidos para alcanzar la pacificación que anhela cada colombiano.

Pero para ello se requiere que el mensaje papal trascienda el plano emocional en el que parece haberse quedado y llegue a lo profundo de las conciencias, no con un fin meramente religioso, sino como la real ruta para lograr superar las diferencias que durante años han guiado al país por los caminos de la confrontación y que le han negado a varias generaciones el derecho a vivir en paz.

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