La violencia oficial

Julio 06, 2017 - 11:55 p.m. Por: Editorial .

La celebración de la Independencia de Venezuela fue la ocasión para ratificar que la dictadura, la persecución y la violencia paramilitar se han tomado el poder en la patria del Libertador Simón Bolívar. Y como van las cosas, todo indica que el final estará marcado por un baño de sangre si no se encuentra la salida pacífica a una tragedia que ha sido preparada durante dieciocho años.

Las imágenes de los esbirros tomándose la Asamblea Nacional y golpeando sin consideración a diputados son la demostración de los métodos que está dispuesto a usar el régimen de Nicolás Maduro. Y coinciden con los trámites que está realizando el Tribunal Supremo de Justicia para destituir y meter a la cárcel a la Fiscal General, chavista de primera línea y quien levantó su voz para oponerse al crimen que las fuerzas oficialistas cometen contra quienes manifiestan su rechazo, así como a la asamblea constituyente espúrea que destruirá la legalidad en Venezuela.

Entre tanto, Maduro presenciaba el desfile de las Fuerzas Armadas, escondido en una tribuna y protegido por una nube de guardaespaldas. Son sus temores por cualquier posible ataque, ante los crecientes rumores de división en un cuerpo manejado por un grupo de generales que se empeñan en usar la fuerza contra los ciudadanos, negándose a ejercer su obligación de defender la Constitución que juraron.

Más aún, en los hechos de la Asamblea Nacional, la Guardia Bolivariana y la Policía Nacional se hicieron los de la vista gorda frente a las bandas que atacaban con armas de fuego, bates de béisbol, patadas y toda clase de elementos contundentes a la sede del Poder Legislativo. El resultado fue un secuestro masivo por siete horas de más de cien personas, siete diputados heridos, cinco de ellos hospitalizados con lesiones de consideración, y una Nación indignada que se dispone a salir a la calle, a pesar de los 110 muertos que ha dejado la brutal represión.

Ahora se propone realizar un referendo el próximo 16 de julio para rechazar la convocatoria a la constituyente que será elegida el 31 de julio con mecanismos que garantizan el triunfo del régimen. Aunque sea una forma de actuar en forma pacífica y con los recursos creados por la Constitución, es innegable que con ello aumentará la polarización y se agotará la posibilidad de encontrar una salida que evite una confrontación de características insospechadas.

Venezuela atraviesa el peor momento en su historia como nación libre. La posibilidad de tener una democracia respetable y un país que aproveche sus recursos para el bienestar de los venezolanos, se ha transformado en una pesadilla de odios, abusos, crímenes y hambre. Pese a ello, la espiral de la violencia, patrocinada por las autoridades encabezadas por su Presidente y las Fuerzas Armadas aún no ha tocado fondo.

Ojalá aparezcan soluciones que eviten tragedias mayores para el pueblo venezolano. Y ojalá que el diálogo reemplace la furia de las armas del Estado represor y de los grupos paramilitares que patrocina la camarilla de Nicolás Maduro y los generales que lo respaldan, antes de que sea demasiado tarde.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad